Ese debate, más allá de las convocatorias sectoriales que haga el Gobierno, debe tener un escenario principal: el Congreso. De hecho, tanto el presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), Gerardo Morales, como su par de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, se apresuraron a rechazar cualquier invitación que no siga la senda trazada por las instituciones republicanas.
El aparente cambio de actitud de la pareja presidencial, no del todo convincente por no tratarse de una iniciativa propia sino de reacción tardía ante la no asumida derrota electoral del 28 de junio, provoca fundada desconfianza.
No por el llamado en sí, sino por los compromisos no cumplidos por un gobierno cuya idea fuerza fue, en el comienzo, que "el cambio recién empieza". No hubo cambio alguno, en realidad, así como ni entonces ni ahora hubo cambios genuinos en el gabinete que acompañó a Néstor Kirchner.
Aníbal Fernández, íntimo colaborador del ex presidente Eduardo Duhalde, ha sido designado jefe de Gabinete. No es novedad, pero, como funcionario "todoterreno" del gobierno de los Kirchner, se supone que su función será hacer su aporte a un cambio de la conducta que ha caracterizado a la pareja presidencial.
Lamentablemente, muchas de sus declaraciones públicas de los últimos tiempos no han sido atinadas; estuvieron dirigidas a complacer, en realidad, los oídos de la pareja presidencial.
En estos años, Néstor Kirchner se ha caracterizado por intimidar, humillar, descalificar y hasta demonizar a todo aquel que no estuviera de acuerdo con él. Esa suma de resentimientos divide y, por cierto, ahonda las antinomias en las cuales se debate muchas veces el futuro del país. No se trata sólo de transgredir los límites de la cortesía y de la buena educación, sino de subestimar a los demás y creer que toda persona tiene precio y, por ello, es manipulable.
Uno de los más recientes despropósitos de Aníbal Fernández ha sido atacar a tres pastores de la Iglesia Católica como consecuencia de declaraciones de sacerdotes que ejercen su pastoral en las villas miseria. Estos se mostraron preocupados por el creciente y alarmante tráfico de drogas entre los más pobres. Su desubicada respuesta fue: "Los pastores no saben nada y opinan igual".
El entonces ministro de Justicia despreció de ese modo una crítica de quienes conviven con una triste realidad que el gobierno al que pertenece no ha sabido o no ha querido enfrentar ni resolver. como si fuera el único autorizado para opinar o, acaso, el pozo exclusivo de la sabiduría. Es un gesto impropio de quien hoy es el miembro más importante del gabinete nacional.
Es hora de cambiar de estilo; de desterrar actitudes que han llevado al fracaso de un modelo arbitrario; de escuchar; de dejar de lado los improperios fáciles; de intentar algo distinto, seguramente más efectivo.
De nada vale, mientras tanto, que funcionarios cercanos al matrimonio presidencial admitan a medias, por ejemplo, que las estadísticas del Indec no son correctas. Para todos, excepto para el Gobierno, son falsas.
Es de esperar que esta invitación al diálogo no se congele con la misma facilidad que los precios de la canasta familiar y que tienda a sincerar cuestiones que hasta ahora no han merecido el debate público que les cabe en los lugares que corresponden.
Editorial IHora de cambiar de estilo
El llamado al diálogo ofrecido por el Gobierno debe concretarse principalmente en el ámbito natural para ello, el Congreso
lanacion.com | Opinión | Martes 14 de julio de 2009

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