Los datos revelan también que, entre los consultados el año último, el 51% decía que el dinero obtenido era suficiente para sus consumos aunque no tenía capacidad de ahorro. Este año, el 43% respondió de esa manera. La porción de la torta en la que están los hogares con posibilidad de ahorrar casi no se modificó: pasó del 12 al 13%, lo que da la señal de que los mayores daños de la caída de la actividad son sufridos por los pobres o por quienes están en situación vulnerable.
La encuesta fue realizada en forma telefónica a 456 familias de la ciudad de Buenos Aires, el conurbano y los centros urbanos del interior con más de 200.000 habitantes: Gran Córdoba, Gran Salta, Gran Mendoza, Gran Rosario, Gran Resistencia, Paraná, Neuquén-Plottier y Bahía Blanca.
Otro dato revelador del deterioro es el incremento registrado en el índice de "riesgo alimentario": el porcentaje de la población total que se cree afectada subió del 5 al 7%, y en el estrato más bajo saltó del 12 al 22%. "El riesgo o la inseguridad alimentaria es la percepción de hambre, sufrida con cierta frecuencia por razones económicas; quienes están en el índice es porque en algún momento no pudieron garantizar la alimentación básica propia o de los miembros de su hogar y quedó en riesgo la salud o la vida", explicó a LA NACION el economista Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.
Según el analista, la situación de los hogares tendría correlación con problemáticas laborales, sobre todo en sectores bajos y medios bajos. Donde hay ingresos más altos influirían más los precios. No es que la inflación no pese en los sectores vulnerables, sino que allí tiene mucha fuerza el efecto de la pérdida de ingresos, porque suele tratarse de familias que dependen de la economía informal y de ocupaciones precarias afectadas fácilmente por la recesión.
Salvia destacó la fuerte influencia de las expectativas: entre 2008 y este año creció del 24 al 30% la proporción de personas con temor a perder su empleo, y pasó del 13 al 19% el índice de quienes tienen miedo de perder su vivienda por no poder pagar un crédito o por estar ocupándola en forma irregular.
Además de que el 55% declaró que compra menos comida, dos tercios de las familias dijeron haber abandonado actividades recreativas y el 49% resignó comprar ropa. En cuatro de cada diez hogares se dejó de ir al médico o al dentista -otro dato sensible- y casi un tercio dejó de adquirir medicamentos.
Datos de una encuesta de la UCAMás de la mitad de los hogares recorta gastos de comida
Por la caída del empleo y el aumento de precios, se profundiza el deterioro de la situación social
lanacion.com | Economía | Martes 14 de julio de 2009

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