El consenso suele construirse a partir del disenso y nunca por medio de la imposición de leyes o decretos ni de las actitudes arrogantes sustentadas en el desconocimiento de las minorías. Se trata de un principio que quienes gobiernan hoy la Argentina parecen no entender, pero que la oposición debería aplicar si pretende ofrecerle a la ciudadanía una alternativa distinta.
Los tiempos electorales y las circunstancias han tornado harto compleja la posibilidad de que distintos sectores en los cuales se dividen las principales fuerzas de oposición con representación parlamentaria articulen una alianza más amplia con vistas a los comicios legislativos que se efectuarán el 28 de junio.
En la provincia de Buenos Aires, al margen de las fuerzas políticas más pequeñas, ha surgido una convergencia entre sectores justicialistas disidentes con el kirchnerismo, encabezados por Francisco de Narváez y Felipe Solá, y el partido que lidera el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Por otro lado, el radicalismo ha sellado un acuerdo con la Coalición Cívica, de Elisa Carrió.
En la ciudad de Buenos Aires, el macrismo, por una parte, y los radicales y la Coalición Cívica, por otra, enfrentarán al proyecto kirchnerista.
En ambos casos, la idea de una convergencia amplia que ofrezca una alternativa unificada frente al gobierno nacional parece haber quedado descartada. No tiene esto nada de objetable: para formalizar una alianza es necesario un ánimo societario que no puede ser creado artificialmente. Diferentes ensayos de uniones o coaliciones opositoras han fracasado de manera rotunda a lo largo de nuestra historia. El último experimento de ese tipo fue la Alianza UCR-Frepaso.
Como hemos señalado oportunamente desde esta columna editorial, la oposición por la oposición misma, como una mera alternativa electoral al oficialismo de turno, ha demostrado ser ineficaz, especialmente cuando falta un programa orgánico que sea respetado fielmente por las distintas expresiones políticas que se unen con aquel fin.
Sin embargo, es un deber de los dirigentes de uno y otro sector de la oposición dialogar y procurar el hallazgo de coincidencias programáticas, capaces de traducirse en el futuro en un programa común, aun cuando sus candidatos ocupen listas separadas.
No pocos análisis preelectorales dan cuenta hoy de que el oficialismo podría sufrir, desde el 10 de diciembre próximo, la pérdida del quórum propio en la Cámara de Diputados y también en el Senado. Sólo un apoyo contundente de la ciudadanía, que hoy suena improbable, le evitaría al kirchnerismo la pérdida de un buen número de bancas legislativas.
La oposición debe estar preparada para ese escenario y tiene la responsabilidad de enfrentar ese momento, en medio de una grave crisis económica y social que parece profundizarse día tras día, de la mejor manera. Esto es, con un conjunto de propuestas concretas que reemplacen el exceso de críticas.
Es imprescindible que antes de las elecciones los principales dirigentes de la oposición no sólo acuerden una agenda legislativa común, sino que intenten consensuar una serie de medidas para enfrentar los duros tiempos por venir. Esa agenda debería incluir, desde ya, la forma en que se podría restaurar la confianza en las instituciones republicanas y superar las arbitrariedades y abusos del poder que sufrimos en los últimos años. Pero no deberían dejar de discutir cuestiones más prácticas tales como la pobreza y el desempleo, la inseguridad, el fomento de la inversión productiva, el papel del Estado en la economía, la productividad del gasto público, el régimen de coparticipación federal, la transparencia en las concesiones y en las licitaciones de obras públicas, la independencia de la Justicia, la recuperación del sistema de estadísticas oficiales hoy perdido, la competitividad de nuestras exportaciones y el tipo de cambio.
La tarea no será sencilla, pero será esto lo que les esperará a los nuevos representantes que tendrán el pueblo y las provincias en el futuro Congreso de la Nación.
Editorial IEl deber de la oposición
Los dirigentes de las fuerzas no oficialistas deberían dialogar y procurar el hallazgo de coincidencias programáticas
lanacion.com | Opinión | Domingo 29 de marzo de 2009

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