martes, 31 de marzo de 2009

No hay mejor prevención del delito que darle una solución humana al liberado.

Más de medio siglo de labor constante e inclaudicable lleva el Secretariado de Ayuda Cristiana a las Cárceles (SACC), creado por el padre Iñaki de Aspiazu. Es la única obra que se ocupa en términos reales de las personas que han cumplido su condena carcelaria y deben reinsertarse en la sociedad. Su labor no es menor desde el momento en que, como es sabido, la mayor parte de los delincuentes es reincidente. De ahí que el trabajo del SACC sea de capital importancia. No hay mejor prevención del delito que darle una solución humana al liberado. Este se enfrenta al mundo con el estigma de su condena ya cumplida. Sus dificultades son infinitas.

El Secretariado es muy conocido entre la población carcelaria. El padre Iñaki fue durante varios años capellán en la desaparecida cárcel de Las Heras y, también, en el Ministerio de Justicia, el Servicio Penitenciario, el Patronato de Liberados, jueces y abogados, organismos no gubernamentales y otras instituciones que derivan al liberado hacia la institución. Esta cuenta con asistentes sociales que reciben a las personas, analizan su situación, visitan a sus familias, tratan de revincularlos y les facilitan ropa del guardarropas que se mantiene con donaciones particulares.

La fundación tuvo un único subsidio estatal, otorgado por la Corte Suprema de Justicia en tiempos del ministro Ricardo Levene. Fue suprimido el año pasado. Se le pidió rendición de cuentas: constó de 14 biblioratos en los cuales estuvo reflejado hasta el último centavo recibido. La rendición fue aprobada, pero el subsidio no retornó.

La obra es absolutamente gratuita para el liberado. No se aceptan regalos de ninguna especie. Sólo se pide que se devuelva en amor al prójimo lo que se ha recibido. Mientras se pudo se le daban 200 pesos mensuales durante medio año como una ayuda mínima para estimular la reinserción. La obra tiene un servicio de comidas rápidas en la medida en que las donaciones lo permiten.

Sin limitación confesional alguna, tiene inspiración cristiana. La capilla es presidida por un Cristo con las manos atadas tras las rejas de la cárcel. Quien crea que el mayor anhelo del hombre es amar y ser amado no puede permanecer insensible a esta obra.

Las autoridades deberían tomar nota de que una de las formas más eficaces de combatir el delito es evitar la reincidencia. Eso sólo puede lograrse apoyando la reinserción del liberado, comenzando por la recuperación de la autoestima personal.
Editorial IILa mejor prevención del delito

Debería valorarse más la labor del Secretariado de Ayuda Cristiana a las Cárceles, centrada en evitar la reincidencia

lanacion.com | Opinión | Martes 31 de marzo de 2009

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