El mencionado informe destaca la existencia de hambre y desnutrición crónica en 963 millones de habitantes. En 1990, con una población de 5200 millones y un número de desnutridos de 800 millones denunciados por la entidad, ese mal representaba el 15,5 por ciento. Durante los últimos años, se ha procurado reducirlo con programas dirigidos a la agricultura, ayudas alimentarias y crecimiento económico del mundo emergente, algo que sin duda ha venido ocurriendo. Sin embargo, en la actualidad, con una población de 6600 millones y 963 millones afectados por la desnutrición, el problema apenas se ha reducido al 14,5 por ciento. Las principales naciones sacudidas por este flagelo son Afganistán, Irak, Mauritania, Zimbabwe, Birmania, Somalia y otras de menor población.
Vale destacar también que la lucha contra el hambre ha tenido como adversario el crecimiento demográfico de la segunda mitad del siglo XX. Durante 130 años, entre 1800 y 1930, la población creció de 1000 a 2000 millones, mientras que entre 1930 y 2000, en sólo 70 años, creció en 4000 millones de personas. Este formidable aumento se viene atenuando, al tiempo que crece el poder adquisitivo de las naciones emergentes. Para el decenio 2005-2014, la población mundial sólo crecería anualmente un 1,01 por ciento, es decir, casi nada, mientras que los ingresos crecerían también anualmente un 3,1. El incremento del precio de los alimentos de los últimos años ha venido a alterar la favorable tendencia, aumentando así el número de desnutridos.
Un capítulo concurrente es el aporte de la expansión agrícola, que logra impulso con la genética, mediante las especies genéticamente modificadas y los híbridos, por la siembra directa, los modernos plaguicidas, los fertilizantes sintéticos, la agricultura de precisión y otras tecnologías.
Con algún exceso de optimismo se ha manifestado entre nosotros que nuestra producción alimenta a 300 millones de personas, a lo cual cada nuevo opinante agrega otro tanto, hasta alcanzar los 600 millones, una cifra disparatada. Estimaciones más ajustadas permiten señalar que el aporte nacional puede alimentar, entre consumidores nacionales y exportaciones, a unos 100 millones, es decir, poco más del doble de nuestra población.
Al conocerse las alarmantes cifras de la FAO, el mundo que observa las decisiones argentinas en la materia se muestra sorprendido ante la claudicación de una gran nación exportadora en un contexto global tan preocupante.
Contemporáneamente con este informe, se conoció entre nosotros la ocurrencia de la muerte diaria de ocho menores a causa de la desnutrición, un dato en verdad angustiante para una nación que es gran productora de alimentos y de perfil bien diferente de las citadas más arriba. Ello ocurre particularmente en cordones de indigencia en la periferia de los centros urbanos y en áreas rurales donde reinan el minifundio, el analfabetismo, las enfermedades sociales y en general escasos conocimientos aplicables al trabajo.
Editorial IIHambre y desnutrición en el mundo
La Argentina debe recuperar su condición de nación productora de alimentos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras
lanacion.com | Opinión | Viernes 26 de diciembre de 2008

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