martes, 2 de diciembre de 2008

Las naciones industrializadas son muy competitivas con su producción industrial y muy poco con sus producciones agrarias.

Varias veces dada por muerta, renace la novena ronda multilateral de la Organización Mundial del Comercio, que se propone continuar la liberalización del comercio iniciada en 1948, luego de la fundación del Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT). La medicina vivificadora fue administrada en la reciente reunión de presidentes del denominado G-20, conformado por un importante grupo de naciones, convocada en Washington para analizar la crisis económica mundial y sugerir cursos de acción destinados a controlar la situación y retornar al crecimiento. Allí concurrió invitada la presidenta Cristina Kirchner.

Entre otras recomendaciones, el párrafo 13 de la declaración final convoca a luchar para lograr un acuerdo este mismo año, en lo referente a las "modalidades" o normas que conduzcan a una exitosa conclusión de la Ronda del Desarrollo de Doha, con un ambicioso y "balanceado" resultado. Este tema de la reunión había sido precedido días atrás por una cita con el mismo fin entre la representante comercial de los Estados Unidos, Susan Schwab, y sus pares de la Unión Europea, y seguido pocos días después por una reunión, en Lima, de líderes del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (Asean), para ratificar la intención de concretar en este mismo año el trascendente acuerdo de "modalidades".

Existe, así, una generalizada convicción de que la continuidad de la liberalización comercial mundial y el control de los ímpetus proteccionistas constituirán un aporte sustancial a la resolución de la crisis económica.

En los siete años que llevan las negociaciones de la ronda, los principales obstáculos para un acuerdo final han sido, por un lado, estas normas respecto de la agricultura y sus manufacturas, y por otro lado, las correspondientes a los productos industriales de base no agrícola. El nudo de la cuestión se centra en que las naciones industrializadas son muy competitivas con su producción industrial y muy poco con sus producciones agrarias, mientras que, por el contrario, un grupo de naciones en desarrollo son muy competitivas en materia agrícola y poco en materia industrial. En estos siete años se ha llegado a reducciones en la protección y en los subsidios agrícolas por parte de las naciones ricas, las que, como contrapartida, requieren reducciones sustanciales en los aranceles de importación que las naciones en desarrollo, con la Argentina entre sus líderes, consideran que deben ser "balanceados".

Brasil, cuya transformación económica ha sido notable, está deseoso de cerrar la ronda distanciándose de la posición argentina, porque considera que, por acuerdo mutuo, en Doha cada uno negocia por separado. Su administración evalúa que un final de la ronda sobre bases parecidas a los términos de negociación actuales le resultará beneficioso al país. El gobierno argentino y la representación privada industrial desestiman un cierre en las condiciones actuales. En ámbitos privados, en cambio, es frecuente escuchar opiniones favorables a la posición brasileña.
Editorial IIRenace la Ronda de Doha

Limitar el proteccionismo será fundamental para atenuar las consecuencias de la crisis económica mundial

lanacion.com | Opinión | Martes 2 de diciembre de 2008

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