miércoles, 24 de diciembre de 2008

La estrategia del Gobierno consiste en adelantar los tiempos del combate y en dividir a los dirigentes rurales.

Una nueva ronda de duros enfrentamientos entre el Gobierno y el campo parece inevitable. El interior rural del país, perceptiblemente paralizado y enfurecido, siente que la administración de los Kirchner lo presiona para adelantar el momento de ese combate. Néstor Kirchner aspira, en efecto, a anticipar la pelea, que los ruralistas preveían para febrero y marzo, porque cree que la opinión pública no estará esta vez del lado del campo. El matrimonio presidencial quiere también adelantar la batalla final con el vicepresidente Julio Cobos, aun cuando deba atravesar la peor crisis institucional que puede resistir el sistema político.

Entre las inanidades presidenciales del lunes quedó sepultada también buena parte de la expectativa que había creado la flamante ministra de Producción, Débora Giorgi. La reducción de 5 puntos en las retenciones de la soja y el girasol, que el propio Gobierno dejó trascender durante el último fin de semana, hubiera sido insuficiente. Sin embargo, hubiera significado, al mismo tiempo, el atisbo de un período más consensual con los campesinos, que representan al único sector social de la Argentina que decidió enfrentar y batir al kirchnerismo.

No pasó nada. Ningún anuncio de la Presidenta fue un anuncio real. Tanto es así que hasta las 8 horas de trabajo para los peones rurales ya formaban parte de un convenio nacional, que se publicó en el Boletín Oficial el 10 de diciembre pasado. En rigor, fue sólo una formalidad para casi todo el territorio nacional, donde ya regían las 8 horas de trabajo, con excepción de tres o cuatro provincias que no son significativas en la producción rural.

La estrategia del Gobierno consiste en adelantar los tiempos del combate y en dividir a los dirigentes rurales. El anuncio de un proyecto sobre el arrendamiento rural es claramente fragmentario. Esa cuestión ha dividido siempre las posiciones de la Sociedad Rural y la Federación Agraria. En las últimas horas, una conversación entre los presidentes de ambas entidades, Hugo Luis Biolcati y Eduardo Buzzi, sepultó cualquier enfrentamiento entre ellos. "Estamos más unidos que antes", recalcó Biolcati.

El problema actual de ellos no consiste ahora en pelearse por el arrendamiento, sino en administrar el conflicto. Algún éxito ha tenido Kirchner en su plan de adelantar los tiempos, porque ya desde el lunes comenzó a haber manifestaciones y cortes de rutas de campesinos en el interior del país. Diciembre y enero son meses de mucho trabajo en el campo, de cosechas y siembras. Los dirigentes rurales prefieren dilatar el momento del combate hasta febrero o marzo, meses en que los ruralistas no hacen casi nada, pero la furia de la sublevación campesina se impone por momentos sobre ellos mismos.

El interior está aquejado de perlesía. Se trabaja, pero no se comercializa. Los silos con soja ya no dan más. El precio internacional ha caído casi un 50 por ciento y las retenciones son las mismas de los buenos tiempos. Los productores esperan para comenzar a exportar un alza del precio internacional o una reducción del nivel de las retenciones. Nada de eso sucede por ahora. Guillermo Moreno sigue frenando las exportaciones de carne y los tamberos están a un paso de la sublevación. Están percibiendo sólo 60 centavos por litro de leche cuando habían firmado con el Gobierno por un peso, cuando el litro de leche les rendía 1,35.

¿Tuvo Giorgi una posición distinta? Dicen que sí, pero lo más importante es que el propio secretario de Agricultura y Ganadería, Carlos Cheppi, estaba al tanto de que no habría solución con esas decisiones de la administración. Giorgi debe intuir que el combate entre el Gobierno y el campo es una cuestión de Kirchner: nunca llamó a ninguna organización rural ni a ningún dirigente del sector para intercambiar opiniones. La disciplina vale de poco en el universo kirchnerista: Cristina Kirchner reprendió públicamente a Giorgi porque no se publicaron en el Boletín Oficial sus penúltimos anuncios sobre el trigo y el maíz, que repitió el lunes.

El campo y Cobos reciben el mismo trato. Los dos han sido, en última instancia, los autores políticos o fácticos de la primera derrota de los Kirchner en su vida política, el devastador 18 de julio, cuando el Senado rechazó la resolución 125. ¿Hubo tensión entre Cristina Kirchner y Cobos en la Basílica de Luján? "No. Cristina ni lo miró", confesó un testigo que los vio de muy cerca. De nada valieron las exhortaciones de la máxima conducción de la Iglesia argentina, presente en Luján, para que los dirigentes políticos se acerquen y dialoguen.

Desordenados y atropellados, los discursos de Néstor Kirchner suelen marcar, sin embargo, la línea fundamental del Gobierno. En su última referencia a Cobos, recordó la renuncia de Carlos "Chacho" Alvarez a la vicepresidencia. Como no existen sutilezas en su verbo, hay que echar mano de la más obvia de las deducciones posibles: le estaba pidiendo la renuncia al vicepresidente de la Nación.

Kirchner cree que Cobos está creciendo desde la poltrona vicepresidencial, aunque en realidad es él mismo quien lo ayuda a crecer con sus constantes alusiones. También quiere que la ruptura se produzca cuanto antes; es lo mismo que hace con el campo. Incapaz de vivir la placidez del retiro y el sosiego, no está buscando un combate, sino dos y al mismo tiempo.
El escenarioLas dos batallas de Kirchner

Joaquín Morales Solá

lanacion.com | Política | Mi?oles 24 de diciembre de 2008

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