viernes, 5 de diciembre de 2008

El Estado no tiene manera de seguir pagando la tarjeta de crédito, pero desea seguir dándose la buena vida.

SI, como se conjetura, buena parte de los 13.200 millones de pesos con los cuales Cristina Kirchner pretende estimular la producción y el consumo termina saliendo de los fondos jubilatorios que dentro de poco tiempo pasarán a la Anses, el Gobierno sumará una nueva contradicción.

Las autoridades nacionales esgrimieron que la estatización del sistema jubilatorio se propició para "proteger a los futuros jubilados". Si los depósitos a plazo fijo constituidos con fondos administrados por las AFJP fuesen renovados hoy por un período de un año, obtendrían una tasa de interés cercana al 25 por ciento. Sin embargo, las autoridades nacionales han dado a entender que utilizarán esos fondos para préstamos al sector productivo a un año de plazo a una tasa que ronde sólo el 11 por ciento. ¿Será esa la manera de "proteger" los ahorros del sistema previsional?

Las medidas económicas anunciadas ayer por la Presidenta sirven para que el Gobierno mantenga la iniciativa, aunque difícilmente inyecten credibilidad, de lejos el mayor déficit que sufren hoy los Kirchner.

La confianza que requiere la economía no llegará en el contexto de confusión que contribuyen a sembrar los contrasentidos de un gobierno que un día prohíbe las exportaciones de carne y al otro día resucita al Ministerio de Producción justamente con el pretexto de impulsar las exportaciones. Un gobierno que un día revaloriza la libre elección en el sistema jubilatorio y que un año después decide borrar a las AFJP de un plumazo. Un gobierno que un día anuncia que le pagará la deuda al Club de París y que estudiará propuestas de bancos internacionales para acordar con los hold outs, y que al otro día deja de hablar del tema.

Se trata del mismo gobierno que un día anunció un combate a muerte contra los evasores y que recientemente promovió un jubileo de deudas impositivas y un blanqueo de capitales.

En síntesis, un gobierno que todos los días parece refundarse a sí mismo.

El fantasma de la recesión asusta a cualquier administración que gobernó durante cinco años con tasas de crecimiento y de recaudación chinas, pero que paradójicamente gastó a tasas que duplicaron a las chinas.

No es el único fantasma. Desde el Ministerio de Trabajo se apunta a lograr acuerdos en sectores clave de la producción que consideren tres objetivos fundamentales: estabilidad laboral, congelamiento salarial y paz social. Suena ideal, hasta que se cae en la cuenta de que no es nada fácil garantizar paz social sin aumentar salarios cuando estos no alcanzan, y no menos sencillo es garantizar estabilidad laboral con recesión económica.

Los economistas más pesimistas advierten que el Gobierno, tras el manotazo a los ahorros jubilatorios, se está quedando sin instrumentos y que lo único que le queda por hacer en adelante es definir quiénes serán los próximos patos de la boda. El interrogante tiene media respuesta: el pato de la boda, en un año electoral, no pasará por el sector público. La consolidación del poder, en la lógica kirchnerista, requiere la obra pública y el clientelismo. La economía no seguirá creciendo a tasas chinas, pero el gasto público tal vez sí.
El pulso políticoCómo pagar la fiesta sin tarjeta de crédito

Por Fernando Laborda

lanacion.com | Política | Viernes 5 de diciembre de 2008

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