Inspirada en el consolidado modelo norteamericano del Fountainhouse de Nueva York, fundado en 1948 para prestar ayuda en la recuperación de personas con padecimientos psiquiátricos, como esquizofrenia, bipolaridad o depresión mayor, entre otros, se inauguró días atrás el proyecto piloto de la Casa del Paraná (www.casadelparana.org.ar), el primer clubhouse de América Latina.
El clubhouse es una comunidad donde se crea un vínculo sano entre las personas, donde no hay médicos, ni profesionales, y donde los sujetos que trabajan para promover y realizar la recuperación de su enfermedad, son, antes que todo, "socios" y no enfermos. Prueba del éxito de ese modelo es que en el mundo, cada año, nacen 20 nuevos clubhouses, además de los 400 que ya se replicaron en 29 diferentes países.
En Rosario, en 2007, se juntó un pequeño grupo de voluntarios para estudiar el tema. Hubo una charla en la Universidad de Rosario, donde asistió una socia de Fountainhouse y un trainer del International Center for Clubhouse Development, de Nueva York (ICCD, www.iccd.org), institución reconocida por las Naciones Unidas para certificar y coordinar los clubhouses de todo el mundo conforme a unos precisos estándares.
Cuatro personas del grupo visitaron e hicieron su formación en unos centros de los Estados Unidos, y en junio abrieron informalmente la Casa del Paraná. Al obtener el estado jurídico como ONG, el proyecto piloto de la casa ya funciona con actividad semanal.
Antes de ser un programa de día o un edificio, el clubhouse sirve para ayudar a las personas a reconectarse con el mundo del empleo, de la educación, con la familia, con los amigos. Hay numerosas estructuras de este tipo, pero la diferencia es que en el clubhouse los participantes actúan como si fueran miembros, dueños de un club, no pacientes, dado que no hay ninguna actividad médica, ningún psiquiatra.
"Se trabaja sobre la parte sana de la persona, no sobre la enferma. Si una persona puede sólo mover un pulgar, vamos a trabajar sobre este pulgar, no sobre el resto que está paralizado por la enfermedad", explicó Beatrice Bergamasco, fundadora, en 2004, del clubhouse Itaca en Italia, y miembro del consejo del ICCD. "La parte enferma se cura con profesionales, fuera del clubhouse. Acá, el socio se aleja de su condición de paciente", dijo Bergamasco.
La participación es voluntaria y autogestionada. El socio elige inscribirse solo; trabaja a la par que el staff y viene cuando quiere, cuando puede. No hay obligaciones, pero el socio "debe tener un objetivo que le guste, un trabajo, aun simple, que sea conforme a su personalidad", explicó Kenn Dudek, director de Fountainhouse, durante la charla que dio en Rosario, y agregó: "El trabajo no debe llenar el tiempo, sino dignificar a la persona para que colabore con el mantenimiento del clubhouse".
Rosario / El único de su tipo en America LatinaAbrieron el primer
Allí realizan actividades que promueven su recuperación, pero sin médicos de por medio
lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 22 de noviembre de 2008

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