viernes, 28 de noviembre de 2008

El spam es publicidad con costo para quien la recibe.

Cuando Ray Tomlinson creaba el sistema de comunicación que denominamos correo electrónico, allá por 1971, seguramente no imaginó que su mal uso daría origen a oleadas de mensajes no deseados que buscan superar los filtros de seguridad para depositarse en las bandejas de entrada de millones de internautas.

Según un cálculo de la firma en seguridad informática Sophos, el 96,5 por ciento de los e-mails que circulan por la Red, conocidos corrientemente como spam, lo hacen libremente porque las leyes que regulan los delitos informáticos en nuestro país no los alcanzan.

La magnitud de esta información chatarra, no solicitada, que se distribuye por Internet y que día tras día aumenta, suele ser tal que entorpece el normal funcionamiento del correo electrónico saturando casillas y recargando redes, con los consiguientes costos de operación y mantenimiento.

El spam es publicidad con costo para quien la recibe. Ofertas de productos de todo tipo y color, emotivas cadenas y señuelos para robar dinero o datos inundan las casillas aun de quienes cuentan con buenos programas filtros. Nuevas formas de ataques buscan engañar al usuario para obtener información personal, como números de cuentas o passwords, y por eso también en estas formas de fraude aparecen relacionadas entidades bancarias y organizaciones financieras.

Los especialistas en estos envíos masivos no solicitados se aprovechan de los usuarios que, descuidadamente, puedan abrirlos a veces sólo para enterarse de las bondades de un producto que no pidieron y, en otras ocasiones, más desafortunadas, para franquear el ingreso de algún virus informático a sus computadoras.

Muchos usuarios del correo electrónico desconocen las implicancias de contestar el mensaje de un desconocido, que confirmará así que la dirección existe, así como cuánto perjudican a su lista de contactos cuando reenvían un mensaje dejando expuestas todas sus direcciones, a merced de quienes sólo buscan engrosar listados que luego venderán y que terminarán generando más spams.

La ley puede y debe alcanzar estos envíos, porque muchos están tipificados como delitos, aun sin necesidad de una legislación especial.

En los Estados Unidos, por ejemplo, recientemente se condenó a 30 meses de prisión a una persona de Brooklyn por haber enviado correo basura a más de 1,2 millones de usuarios. Anteriormente, otras dos personas fueron sentenciadas a pagar 230 millones de dólares a un portal por el envío de correo masivo no solicitado. Y hace pocos días, otro magistrado norteamericano sentenció a un canadiense a pagar 873 millones de dólares a Facebook por enviar alrededor de cuatro millones de correos basura o spam a los usuarios de ese sitio de Internet. El condenado había creado páginas falsas de Facebook para robar las contraseñas de los usuarios del sitio. Facebook reconoció que esta condena obrará como un poderoso factor de disuación para quienes quieran incurrir en delitos similares.
Editorial IICorreo electrónico no deseado

La legislación argentina debería imitar buenos ejemplos de otros países para protegernos de los mensajes invasivos

lanacion.com | Opinión | Viernes 28 de noviembre de 2008

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