De todos los que observaron los gráficos del mercado describiendo la parábola de la declinación de su fortuna, tal vez la generación de los baby boomers haya sido la más compungida, la que más duda de la validez de la promesa de que, después de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, las cosas sólo podrían mejorar.
Durante las últimas décadas del siglo XX, el mito que definió a las sociedades occidentales fue que el progreso material, transmitido de una generación a otra, era una condición estable, un presupuesto, y no una rareza de la historia.
Pero ese presupuesto empezó a resultar cuestionable cuando la crisis empezó a trasladarse desde las altas finanzas hasta las chequeras de la gente común. Por depender tanto de los ahorros invertidos en bonos, los baby boomers quedaron expuestos a la perspectiva de que sus mejores años se hagan más duros o que incluso queden cancelados: el paraíso postergado indefinidamente. Y empezaron preocuparse por su capacidad de pagar los estudios a sus hijos y por su capacidad de transmitir el sueño de autosuperación y progreso.
Aun cuando la crisis bancaria se resuelva, sus repercusiones en la economía real crearán un mundo con otro funcionamiento, menos próspero y con otros ritmos, menos predecibles.
Los ahorros de décadas han sido diezmados en pocos días, provocando no sólo una sensación de impotencia, sino también una percepción apocalíptica. La gente buscó momentos comparables para tranquilizarse, y los puntos de referencia más usuales parecían débiles, como el período siguiente al 11 de Septiembre Y la memoria de alguna gente se remontó hasta la década del 30.
Pero no todo el mundo lo vio de esa manera. "Las autoridades monetarias del mundo finalmente tratan de reafirmar su poder sobre los mercados financieros", escribió Hamish McRae, del diario The Independent . "Aún no han tenido éxito, pero eventualmente triunfarán. Al menos siempre lo consiguieron en los últimos 75 años. Hay que creer que el mundo se enfrenta a algo semejante a la Gran Depresión para pensar que fracasarán."
Pero el mundo era diferente entonces. La globalización no había disminuido las rivalidades nacionales ni las barreras comerciales.
La historia puede darnos una lección más amplia en estos momentos: el capitalismo derrota al comunismo, sólo para ser derrotado a su vez por su propia codicia implosiva, y obligado a retroceder a la ética socialista de la administración y propiedad estatal de partes clave de la economía.
Pero la mayor paradoja tal vez sea que, cuando todo acabe, la única fuente de renovación posible sea una cautelosa reaparición de las mismas filosofías de mercado que han demostrado ser tan frágiles. En última instancia, la esperanza de reactivación se basa en una redefinición del manual de los baby boomers : con ingenio, y trabajo duro, todo puede arreglarse.
La crisis financiera global / Crece el temor por el futuroEl fin del gran sueño de los baby boomers
El colapso financiero golpea la ilusión de progreso y autosuperación de la generación de posguerra
lanacion.com | Exterior | Domingo 12 de octubre de 2008

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