Porque la única causa por la que se explica la hecatombe mundial financiera es por una monumental pérdida de la confianza. Una herida mortal en el corazón mismo del capitalismo. Que como se sabe es capaz de reponerse de cualquier traspié menos de la desconfianza entre los actores de la economía y las finanzas. Mientras tanto ya es histórico el desplome en todas las Bolsas del mundo. La soja y el maíz en caída libre valen esta semana la mitad de lo que valieron hace dos meses en su pico. A ciencia cierta, nadie sabe ni el momento en que se detendrá esta pesadilla ni cuántas cosas más se seguirán rompiendo.
Sin duda se viene un reajuste de proporciones. Y nuestro país no es la excepción. Hace poco un reconocido economista afirmó que "ni los agricultores, ni la Argentina están preparados para una soja de menos de 400 dólares". ¿Qué pensará ahora con una soja a 320 dólares como cotiza por estas horas? Las cuentas no le cierran a nadie. A nivel nacional, según las estimaciones, la recaudación fiscal de este año tendría una caída de 3000 millones de dólares sólo por la baja en los precios de los granos y entrarían en el país 7000 millones de dólares menos que el año pasado. Por su parte, los agricultores necesitarán rindes excepcionales en esta campaña para salvar apenas la ropa. Para colmo de males tampoco cuentan con la posibilidad de tomar coberturas con los mercados a futuro debido a las distorsiones que sufre el comercio exterior.
La situación es lo suficiente grave como para que el Gobierno saque la cabeza del pozo, deje a un lado lo que viene haciendo en materia agropecuaria y observe que el escenario ha cambiado profundamente.
Se necesita, más que nunca, un fuerte impulso exportador y el campo es el socio natural para este objetivo.
Pero ante la caída de los precios internacionales de los alimentos ¿es posible que se siga insistiendo con la política de desacoplar el mercado interno del exterior? Ya son demasiado grandes los costos en pérdida de producción y exportaciones que han pagado la carne, la leche, el trigo y el maíz.
Un ejemplo: en España, un litro de leche entera del Galicia Carrefour cuesta lo mismo, el equivalente a 3,50 pesos, que un litro de leche entera Coto en Buenos Aires. La única diferencia es que los tamberos españoles participan en el 50% del precio final mientras los argentinos lo hacen en un 26%. Vale acotar que el Gobierno ha cerrado intempestivamente las exportaciones de queso durante agosto, lo que ha provocado una situación de sobrestock en la industria.
Y así estamos, de desmanejo en desmanejo y de desincentivo en desincentivo.
Hoy, Guillermo Moreno, secretario de Comercio, y Ricardo Echegaray, presidente de la Oncca, custodios de "la mesa de los argentinos", parecen dos combatientes extraviados en la selva camboyana.
En el sector agropecuarioComo si nada hubiera pasado
Por Félix Sammartino
lanacion.com | Campo | S?do 18 de octubre de 2008

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