lunes, 13 de octubre de 2008

El extraordinario período de crecimiento de la economía global ha concluido.

El extraordinario período de crecimiento de la economía global ha concluido. La parálisis del sistema financiero mundial llevará a una recesión en Estados Unidos, Europa y amenaza al mundo en vías de desarrollo. Los líderes de los principales países están buscando coordinadamente una solución para calmar el "pánico" de inversores y ahorristas. Pero aun cuando lo logren, lo cierto es que la economía real sentirá los efectos de esta crisis por lo menos durante unos 18-24 meses.

En cuanto a la región, los años de gran bonanza también han llegado a su fin. Y si bien América latina está en mejores condiciones que en otras oportunidades para sortear la crisis (las cuentas fiscales son más robustas; hay superávit en cuenta corriente y se ha acumulado un importante colchón de reservas), ello no garantiza que la desaceleración de la economía global "no llegue a estas costas".

Con el agravamiento de la crisis mundial, las cosas se han complicado en la Argentina. En efecto, el riesgo país superó los 1364 puntos básicos aumentando nada menos que 607 puntos básicos en el último mes, el Merval cayó a su menor nivel desde fines de 2004, el Boden 2012 rinde hoy casi el 35% anual en dólares y hay tensiones en el mercado cambiario. La sociedad ha decidido dolarizar sus portafolios, y ello está generando un clima de alta incertidumbre, que lleva a los consumidores a posponer decisiones de compras y a las empresas a postergar proyectos de inversión hasta tanto la incertidumbre amaine y se tenga una comprensión más acabada de lo que está sucediendo. Asimismo, la crisis mundial ha llevado a las filiales de empresas extranjeras a girar divisas a sus casas matrices ante el credit crunch en los países centrales. En este contexto, el BCRA está intentando frenar la corrida cambiaria vendiendo importantes magnitudes de divisas en el mercado spot (casi US$ 1000 millones en las últimas tres jornadas) y también en el futuro, y hasta subió la tasa de pases dos veces en el último mes empujando al alza otras tasas de interés con el fin de evitar una mayor huida al dólar. Pese a ello, el tipo de cambio de referencia del BCRA que cotizaba a 3,07 pesos por dólar hace un mes atrás, se ubica hoy en 3,26 pesos por dólar y crecen las expectativas de devaluación del peso exacerbadas por la depreciación de las monedas de otros países emergentes, sobre todo Brasil. En este contexto, queda claro que lo prioritario y urgente es resolver la crisis coyuntural que enfrentamos actualmente.

Una vez que se supere la turbulencia actual, las autoridades económicas tendrán que enfrentar un nuevo desafío. Es que la crisis mundial marcó un punto de inflexión: hace 30 días, los problemas principales de la economía argentina eran la inflación, la cuestión del Indec, la falta de una estrategia consecuente de largo plazo, y la necesidad del Gobierno de volver a los mercados de deuda para poder financiarse; mientras que hacia adelante la preocupación principal pasará por morigerar el impacto de la crisis global sobre el nivel de actividad, el empleo y la pobreza. Tarea nada sencilla, en una economía que ya venía desacelerándose, que se encuentra más debilitada que cuando se dispararon las dos crisis anteriores (la del subprime market, en julio de 2007, y el enfrentamiento con el campo en el segundo trimestre de 2008) y cuyas autoridades no cuentan con los instrumentos de política económica adecuados para suavizar el ciclo producto de los errores cometidos durante los últimos tres años. Veamos.

Ante el riesgo de una mayor desaceleración del nivel de actividad, lo ideal sería que el Gobierno pudiera aplicar políticas contracíclicas (como reducir impuestos, bajar las tasas de interés y/o aumentar el gasto público) para estimular la demanda local y minimizar los daños sobre la economía real. El problema es que justo ahora, cuando más lo necesita, no puede hacerlo. Ocurre que en el período de "vacas gordas" no se administró correctamente la bonanza, de modo de estar bien preparados para cuando viniera la época de las "vacas flacas": se aplicaron políticas muy expansivas; se afectó la credibilidad con decisiones; por ejemplo, intervenir el Indec; se acrecentó el intervencionismo estatal en los mercados que llevó, entre otras cosas, a un aumento exagerado en los subsidios, etc. Ello dejó consecuencias que hoy limitan el accionar del Gobierno: es alta la tasa de inflación; está cerrado el acceso al financiamiento en los mercados voluntarios de deuda para el sector público; no hay "colchones" adecuados (no se ahorró lo suficiente), y encima la política monetaria subordinada a la cambiaria terminó llevando a niveles récord los agregados monetarios en términos del producto y a muy bajas tasas de interés. Esta herencia no le permite al Gobierno hacer una política contracíclica: no puede, por ejemplo, expandir el gasto público o reducir los impuestos porque con mercados de deuda cerrados se requiere cada peso para evitar un default.

Objetivo cambiario
Tampoco puede bajar la tasa de interés (como comenzaron a hacer los principales bancos centrales del mundo) ya que con la alta inflación actual podría intensificarse la sustitución de activos locales por externos. Y, por último, tampoco puede perseguir un objetivo cambiario para incentivar la demanda agregada porque corre el riesgo de que caiga la demanda de pesos. Peor aún, lo increíble de la situación es que en medio de esta grave crisis haya que subir la tasa de interés (para disminuir la dolarización de portafolios) cuando lo que en realidad se necesitaría es expandir el crédito con menores tasas, o que las provincias suban impuestos cuando lo que debería hacerse es bajarlos.

¿Qué es lo que puede hacer, entonces, el Gobierno en esta difícil situación que le toca afrontar? En primer lugar, antes que nada, ocuparse de lo urgente. Actuar de forma rápida, contundente, con pragmatismo y sin condicionamientos ideológicos o políticos. Hay que proveer las divisas que la sociedad demande hasta que la tormenta amaine (aunque sea a costos crecientes). Hay que velar por la estabilidad del sistema bancario, asegurando depósitos y otros pasivos.

En suma, la Argentina debe sortear la corrida cambiaria lo más rápido posible manteniendo la estabilidad financiera y tratando de evitar que se restrinja fuertemente el crédito.

Una vez que la tormenta pase, como el Gobierno no cuenta con fondos anticíclicos, no puede acceder al financiamiento y no puede bajar la tasa de interés, deberá reasignar el gasto público ante la fuerte restricción fiscal. Habrá que dejar de gastar en subsidios generalizados y proyectos faraónicos para poder tejer una mayor red de contención social. Es que si cuando la economía crecía a un ritmo del 8% la pobreza afectaba al 30% de la población, no caben dudas de que hay que prepararse bien para cuando la economía pase a moverse al tres por ciento.
El columnista invitadoEl fin de la era de la abundancia

Por Miguel Angel y Andrea Broda
Para LA NACION

lanacion.com | Economía | Domingo 12 de octubre de 2008

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