sábado, 18 de octubre de 2008

Buen ejemplo para imitar.

Como se recordará, el Programa Pro-Huerta, que lleva adelante el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con la cooperación del Ministerio de Desarrollo Social, está destinado a estimular la producción de hortalizas y también frutas en pequeñas unidades con el propósito de mejorar la alimentación de grupos económicamente vulnerables de la población. La red de estaciones agrícolas del INTA y sus oficinas de extensión que cubren todo el país han organizado, como complemento de su función central de creación y difusión de la tecnología, este programa que, en pocos años, ha logrado despertar un notable interés por la autoproducción de uno de los principales componentes de la dieta familiar. Se contribuye así tanto cuantitativa como cualitativamente a la alimentación familiar en situaciones de pobreza.

El programa consiste en la entrega de semillas y ciertos insumos, complementados con el apoyo de los conocimientos necesarios a cargo de técnicos de la institución, docentes y una gran proporción de voluntarios. Una vez que el programa logra su inserción en el medio, sus resultados se potencian por el llamado efecto demostración.

Pro-Huerta se localiza en minifundios rurales y en núcleos urbanos de mediana población, e incorpora a los más diversos protagonistas, ya sean hogares generalmente a cargo de mujeres, empleados, obreros, jubilados, aborígenes, subocupados y otros. El informe del resultado de la gestión del programa, provisto por la institución rural, expresa que se ha logrado la implantación de 605.000 huertas familiares, 7000 en escuelas y 4700 de tipo comunitario. Su difusión territorial se manifiesta por su implantación en 3600 localidades en las que trabajan 19.000 promotores, en gran parte voluntarios, y 1000 técnicos asesores.

Desde estas columnas, se ha señalado la imperiosa necesidad de desarmar la telaraña de regulaciones administrativas que interfieren la producción agraria nacional, algunas de las cuales, es cierto, podrían dar lugar al aumento de los precios de algunos alimentos y otros renglones del presupuesto familiar. En ese marco, recomendamos proveer formas de asignación de recursos para atender las necesidades de los sectores más desprotegidos de la sociedad. En este caso, el programa Pro-Huerta no sólo provee alimentos, sino que lo hace virtualmente sin costo alguno, dada su sustentación en el seno del trabajo de sus beneficiarios. Por eso, el éxito que va obteniendo este programa desde sus comienzos, hace apenas cinco años, debe ser reconocido, apoyado y continuado. Finalmente, si el sustento gubernamental que le dio vida ha logrado importantes resultados, no se explican las razones por las cuales el gobierno nacional desata tantas y tan frecuentes acciones y resoluciones contrarias al desenvolvimiento de la producción del campo. El Programa Pro-Huerta es un ejemplo de la enorme productividad que es capaz de desarrollar el trabajo de la tierra en la Argentina.
Editorial IIPro-Huerta: alimentos autoproducidos
lanacion.com | Opinión | S?do 18 de octubre de 2008

No hay comentarios: