Las últimas noticias no son buenas. Néstor Kirchner y el peronismo rompieron anoche cualquier posibilidad de reanudación del diálogo con los productores agropecuarios. En el acto, el campo convocó de nuevo a la protesta y a los paros. Acabamos de ingresar en el peor de los mundos. El primer documento difundido por la flamante conducción del partido oficialista tiene el sello, el estilo y las ideas de su autor: el ex presidente. Kirchner venía barruntando que detrás de la protesta rural se esconde el propósito de crear un partido político. Anoche lo dijo, directo e inconfundible. Le será muy difícil al oficialismo volver de esa catarata de diatribas.
Mientras tanto, una suerte de psicosis social está de- sacelerando la economía. El Gobierno se pasó más de un año diciendo que no iba a enfriar la economía para combatir la inflación. La unanimidad de los economistas le aconsejaba bajar la demanda para acomodarla a la oferta real. El Gobierno se resistía. La economía se está enfriando ahora. ¿La culpa es del campo y no de las políticas oficiales? Una sospecha generalizada entre los ruralistas va hacia esa dirección. El Gobierno, aseguran, quiere hacer responsable al campo de la retracción de la economía y también de la inflación. "El objetivo del Gobierno es ahora destruir el apoyo social con que cuenta nuestra protesta", subrayan.
Desconfianza. Esa sensación está instalada más que nunca entre los protagonistas del conflicto. Néstor y Cristina Kirchner se han convencido en las últimas horas de que el objetivo central de los ruralistas es la desestabilización del Gobierno. De hecho, el documento de Kirchner los acusó anoche de los golpes de Estado que hubo en este país desde 1930. Se aferran a una frase poco feliz de Eduardo Buzzi en Rosario: "Los Kirchner son el obstáculo para el crecimiento". "¿Qué se hace con un obstáculo? Se lo remueve, desde ya", interpretan al lado de los Kirchner. Es una deducción elefantiásica de un concepto dicho al calor de la tribuna. Buzzi es el blanco predilecto de la furia oficial. Era un amigo que se pasó ahora al bando de los adversarios. No hay perdón para esa clase de conversos.
El conflicto no se resolverá nunca si cada protagonista está pendiente de una frase ofensiva. Aníbal Fernández, Carlos Kunkel, Luís D Elía o Hugo Moyano les han dicho a los dirigentes agropecuarios peores cosas que aquella frase desafortunada de Buzzi. Kunkel mismo delató que Buzzi había sido comunista y que no defendió a los guerrilleros perseguidos durante la dictadura. Buzzi es un peronista hasta en la manera de gesticular. Asegura que nunca fue comunista. No importa si lo fue o no lo fue. Lo de Kunkel se parece demasiado a una lamentable caza de brujas.
Alfredo de Angeli es un populista que siempre va hasta más allá de la prudencia. El domingo, en Rosario, le dio el argumento perfecto al Gobierno para levantar la reunión del lunes. Dijo entonces que volverían los cortes de rutas el martes si el lunes no había una solución definitiva al conflicto. "Así no se puede negociar", pretextó, en efecto, el Gobierno. Los Kirchner no quieren negociar, pero no por lo que dijo De Angeli, sino porque el matrimonio presidencial cree que el campo debe morder antes el polvo de la derrota. Bastante de ideología y una dosis no menor de equivocadas políticas han construido una pésima estrategia.
Sin embargo, el Gobierno ya averiguó hasta el nombre del propietario del campo que arrienda De Angeli. Asegura que es de los herederos de Alfredo Yabrán. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Eso lo convierte a De Angeli en cómplice de las viejas fechorías de un hombre muerto? ¿Acaso el propio gobierno no alquila ahora aviones de una empresa que también es de los herederos de Yabrán? En un avión de esa empresa, alquilado por el gobierno argentino, llegaron al país Antonini Wilson y su valija con cerca de 800 mil dólares procedentes de Caracas.
El análisis
Acabamos de ingresar en el peor de los mundos
Por Joaquín Morales Solá
LANACION.com | Política | Miércoles 28 de mayo de 2008

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