lunes, 26 de mayo de 2008

El dueño de Vidalac viajó a Nueva Delhi a vender leche en polvo saborizada.

Una misión organizada por el gobierno de la provincia de Santa Fe a la India sorprendió a Darío Benítez, propietario de Vidalac, una firma santafesina que produce y comercializa queso rallado y productos alimenticios en base a leche en polvo. El hombre llevó a la gira, casi con timidez, su línea de leches en polvo saborizadas (chocolate, frutilla, dulce de leche, naranja), lo último que lanzó en el mercado argentino. No sólo fueron bien recibidos sus productos sino que, además, una firma india lo tentó para ser la conexión local de una futura planta para la elaboración de leche en polvo en la Argentina. "Fui con muchas expectativas, pero nunca imaginé que me comprarían el producto y que quisieran asociarse conmigo para invertir en una planta en la Argentina", cuenta todavía sorprendido Benítez.

Directivos de esa empresa de la India, que trabaja con tecnología de punta y tiene filiales en otros países como Nigeria y Senegal, le propusieron montar un establecimiento con cuatro máquinas secadoras. "Me preguntaron si podíamos instalar una planta que produjera dos millones de litros de leche diarios y yo les dije que era mejor instalar tres con producción de 700.000 cada una. Les dije que la inversión demandaría unos 15 millones de euros por cada planta y les pareció bien. Hicieron un estudio de factibilidad y hasta los planos", recuerda el propietario de Vidalac. ¿Por qué a una empresa India le interesaría instalar una planta láctea en Santa Fe? "Están desesperados por invertir porque la leche en el mundo es oro y ellos no la pueden exportar desde su país porque el gobierno indio les cerró las fronteras ya que no alcanza para cubrir la demanda local. Entonces quieren establecer plantas satélites en otros países para abastecer estas filiales cuando se les cierra el mercado propio", explica Benítez.

El dueño de Vidalac y sus asesores se volvieron a reunir con los empresarios indios en Europa pero aún restan algunos temas por sortear: "Hoy todavía hay trabas para exportar la leche en polvo saborizada porque no está nomenclada. A su vez, quieren contratos a un año y no nos animamos a hacerlos porque no sabemos qué puede pasar, y menos con la situación actual de la lechería", advierte. El acuerdo está en un compás de espera pero de un momento a otro puede concretarse. HISTORIA. A los 12 años, Darío Benítez ya estaba vendiendo ajos, limones y especias puerta a puerta. Se levantaba a las 5 de la mañana para comprar la mercadería en la feria y así poder vender antes de ir a la escuela. A los 21 años tenía el negocio de reparación de electrodomésticos más grande de Santa Fe. Luego se dedicó a la importación y fue líder en el rubro dentro de su ciudad. Hasta que un divorcio y la caída de la importación lo pusieron contra las cuerdas. "De tenerlo todo pasé a vivir en un sucucho alquilado", confiesa Benítez.

Hasta que un domingo de pastas se le prendió la lamparita. "Era un almuerzo en la casa de mi mamá. Las cosas no andaban bien económicamente e íbamos a comer fideos. Yo me había comido el queso antes de rallarlo. Entonces fui a comprar queso rallado y ahí me di cuenta la gran diferencia que podía sacar comprando las hormas, rallando y vendiendo en sobre". Reconoce que "no sabía ni lo que era una vaca", pero lo primero que hizo fue comprar las máquinas para envasar el queso, importadas de Brasil. Los comienzos fueron en un galpón, con dos personas y hormas de queso fiadas. Una etapa que lo marcó para siempre. "Decidí no vender en mi ciudad porque mi imagen sería lamentable: de dueño de la casa más grande de electrodomésticos a vendedor de queso en sobrecitos –aclara–. Entonces me fui a Rosario. Mi primer cliente fue el mayorista Rozenthal. Trabajamos cuatro días sin parar para poder entregar el pedido y, en esa locura, me amputé dos dedos en una de las máquinas. Quedé discapacitado pero cumplí. Seguí trabajando con la mano vendada. Esa primera entrega fue el comienzo que me abrió muchas puertas".

En colectivo fue expandiendo su marca por todo el país. Benítez revela una de las claves para el crecimiento exponencial que presentó Vidalac en los últimos años: "Siempre busco productos únicos y que le faciliten la vida a la gente. Nuestro lema es: agregue agua y listo. Creamos las leches en polvo saborizadas (dulce de leche, frutilla, naranja, chocolate) porque a muchos chicos no les gusta la leche pero si le agregás un sabor puede ser que la tomen". Las fórmulas de esas leches fueron compradas por empresas de India, Arabia Saudita, Paquistán y Estados Unidos. Vidalac ya tiene una flota propia de camiones y más de 40 empleados. El año pasado obtuvieron la concesión para vender medio millón de kilos de leche en polvo al Ministerio de Acción Social de la Nación. "Fue el precio más barato que pagó el Ministerio en su historia, señala Benítez. La innovación de Vidalac no se detuvo en las leches.

En 20 días lanzan la primera línea de sopas instantáneas con queso (zapallo, cebolla, espárragos, arvejas, verduras, choclo) y, junto al Instituto Tecnológico de Santa Fe, están trabajando en el lanzamiento de bebidas hidratantes (del estilo Gatorade) en polvo: "Buscamos esta opción –indica– porque este tipo de bebidas, cuando se presentan líquidas, pierden vitaminas al entrar en contacto con la luz solar. Además, será mucho más barata que las convencionales".

Revista : Fortuna

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