Si se considera que la capacidad de producción estimada para 2008 será de entre 1 millón y 1,5 millones de toneladas, de acuerdo con previsiones públicas y privadas, es decir, entre 3 y 5 veces lo exportado en el 2007, puede esperarse un fuerte crecimiento en la producción de biodiésel este año, siempre en la medida que persistan los incentivos económicos a convertir, primero soja en aceite y luego aceite en combustible.
Estos incentivos han disminuido fuertemente en estos últimos meses, como consecuencia de una corrida alcista del aceite de soja, cuyo precio de exportación en puertos argentinos excede al del propio biodiésel. En efecto, la tonelada de aceite de soja vale en el mercado por encima de los US$ 1000, mientras que las exportaciones declaradas de biodiésel se han hecho a precios inferiores a los US$ 900.
Esto resulta a priori paradójico, debido a que en la cadena productiva el biodiésel está en una etapa posterior a la del aceite; el segundo es un insumo del primero. Para producir una tonelada de biodiésel se necesitan 1,14 toneladas de aceite de soja más otros insumos y mano de obra. Esta inversión de los precios comenzó a partir de septiembre y octubre de 2007. Antes de esa fecha, los precios tenían los niveles "correctos", mayor el del biodiésel que el del aceite.
En este contexto de precios invertidos se desprenden al menos dos preguntas:
¿Por qué vale tanto el aceite en términos relativos o, desde la otra perspectiva, por qué vale tan poco el biodiésel?
¿Cómo subsiste la producción de biodiésel que claramente no es rentable a los precios actuales del aceite? (Los costos son claramente mayores que los ingresos.)
Con respecto a la primera pregunta, el aceite de soja ha tenido una corrida alcista, luego de una demanda sostenida de aceites vegetales a nivel global en un contexto de existencias bajas de estos productos, con una percepción de que le está costando a la producción de semillas oleaginosas y aceites vegetales del mundo mantener el ritmo que trae la demanda, que no sólo está impulsada por el destino biocombustibles (si fuera así, los precios de los bio también estarían altos), sino que sigue siendo muy importante el destino alimentos, básicamente por la mayor demanda de China.
En la otra vereda, el precio del biodiésel depende del precio del diésel o el gasoil, el combustible fósil; en un mercado que opera en competencia, los precios deben ser similares.
En los Estados Unidos, el litro de diésel a nivel del distribuidor ronda los US$ 0,77, muy parecido al que ha tenido el precio FOB de exportación de biodiésel en la Argentina en los últimos meses.
Puede deducirse que el biodiésel de la Argentina no puede alejarse de ese precio de referencia si pretende entrar al mercado norteamericano.
La cuestión es que, si bien el diésel ha subido, no lo ha hecho en similar porcentaje que el aceite, al menos no ha sido el caso de los Estados Unidos. En ese país (principal destino de las exportaciones de biodiésel de la Argentina), el costo del diésel subió un 26% respecto de un año atrás, pero el aceite de soja lo ha hecho en más del 50%, y esta diferencia en el ritmo de crecimiento es la que ha generado el problema.
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