La idea de responsabilidad social de la empresa privada (RSE) avanza aceleradamente en el planetamovilizada por una opinión pública cada vez más atenta al tema, y están produciéndose innovaciones que significan cambios integrales en el modo tradicional de percibir el rol de la empresa. Inglaterra creó, en 2002, un ministerio de la Responsabilidad Social Empresarial. Forma parte de la estrategia gubernamental global para obtener un desarrollo sostenible. El gobierno ve la RSE como la contribución de las empresas a ese desarrollo y se propone llevarla al centro de las prácticas empresariales. Tiene metas de trabajo muy concretas: "Asegurar un desempeño responsable de las empresas en áreas como salud y seguridad de los trabajadores, el medio ambiente e igualdad de oportunidades; diseñar un marco de políticas públicas que estimule la RSE, y promover actividades empresariales que simultáneamente traigan beneficios económicos, sociales y medioambientales". Ha generado una multiplicidad de programas. Entre ellos la Iniciativa de Transparencia en las Industrias Extractivas, que reunió a empresas, ONG y gobiernos para mejorar la transparencia en los ingresos recibidos por los países pobres de operaciones mineras; la participación de las empresas en programas para enfrentar las desigualdades y la exclusión social en comunidades locales; el proyecto Sigma, que produce guías sugiriendo a las empresas caminos para contribuir al desarrollo sostenible; mediciones de las relaciones entre RSE, competitividad y políticas de crecimiento en favor de los pobres; el desafío corporativo que favorece la ampliación del voluntariado corporativo; la campaña de balance entre trabajo y vida para que las empresas apoyen el equilibrio familiar. El ministerio plantea que la RSE provee a las empresas de una mirada holística sobre su rol, que les permite mejorar sus decisiones basándose en una apreciación de sus impactos que va más allá de lo puramente financiero. Es, según su juicio, "toda una manera de pensar acerca de la empresa privada". Como tal necesita ser internalizada en toda la operación de la empresa y no confinada sólo al área de relaciones públicas. El ministerio se propone crear, a corto plazo, una academia que forme al alto nivel de las empresas privadas en las prácticas más avanzadas de RSE. Los beneficios de la RSE para las empresas son muy tangibles. Las empresas y los productos amigables para el medio ambiente son preferidos por los consumidores y venden más. Hay mucho interés en el mundo empresarial americano por producir en esa dirección. El CEO de la mayor empresa del país, General Electric, dice que el futuro de la compañía está en su habilidad "para estar en la avanzada en energía limpia y tecnología ambiental". La empresa ha lanzado "ecoimaginación", una campaña que incluye grandes inversiones en estos campos. La publicidad que la acompaña, basada en escenas naturales, ha sido recibida por los consumidores con una aprobación que más que duplica las campañas usuales. Comentando al respecto, dice Ignatius (Washington Post): "En una era de escándalos corporativos simbolizados por Enron, los CEO entienden que para mantener confianza en una marca no basta con hacer buenos productos. Los consumidores confían en empresas que son ciudadanos responsables". Y advierte que "algunos cambios pueden parecer cosméticos, pero ése es el punto. En estos días las empresas tienen que ser vistas como haciendo el bien para que les vaya bien". Un caso de éxito es el de la cadena de alimentos orgánicos Whole Foods. Se inició en el movimiento alternativo de alimentos orgánicos que surgió en cooperativas y mercados campesinos en 1970. Creció velozmente por la voluntad de los consumidores americanos de pagar más por vegetales y frutas orgánicas frescos y de mejor calidad. Tiene actualmente 170 negocios en los Estados Unidos y Canadá, ha logrado gran éxito en Nueva York, termina de establecerse en Londres y vende 3900 millones de dólares anuales, después de haber impactado todo el sistema de supermercados convencionales. La agenda de la RSE se está ampliando continuamente por la presión de sociedades cada vez más exigentes. Temas como el trato general con los empleados y el cuidado de su salud son básicos. La revista Fortune y el instituto Great Place To Work eligen anualmente los 100 mejores empleadores sobre la base de encuestas a los empleados. Entre ellos figuró este año la cadena de supermercados Public. Los accionistas de esa cadena, que no cotiza en bolsa, son sus 125.000 empleados. Provee almuerzos y cenas gratuitas a todo su personal. La idea de convertir a los trabajadores en accionistas fue de su fundador. Otro tema central es qué hace la empresa en cuanto a ayudar a los empleados a fortalecer sus familias en lugar de generar incompatibilidades entre familia y empleo. En un estudio comparativo, la Universidad Austral encontró que los ejecutivos argentinos trabajan 50 horas semanales promedio y dedican menos de 15 horas semanales a la atención de sus hijos. En América latina crece la demanda pública por más ética corporativa. Así, se espera de las empresas que se involucren con los grandes problemas colectivos, como la pobreza (43% de la población en 2005) y la exclusión social (el 25% de los jóvenes está fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo). Hay un largo camino por recorrer, pero están surgiendo experiencias innovadoras apoyadas intensivamente por organismos como el BID. Una de ellas es la del instituto empresarial Akatu, de Brasil, ligado al prestigioso instituto Ethos, que está impulsando con todo éxito "el consumo consciente". Ha creado un centro de referencia sobre la materia. Persigue dar a los consumidores herramientas para poder elegir empresas y productos que muestran mayor responsabilidad social. Conformó una escala de RSE sobre la base de índices objetivos. A su vez, da a las empresas todas las posibilidades para brindar información sobre su gestión en estas áreas y para automedirse. Una de las metas finales es "ayudar a los consumidores a ser conscientes del potencial de buen ejercicio de la ciudadanía que tiene su actividad diaria como tales". Junto con sus múltiples beneficios para todos, la RSE responde, en definitiva, a mandatos éticos ineludibles que se hallan en las bases de nuestras religiones y culturas: es un modo muy concreto de ejercer la solidaridad activa y de hacerse responsable por el otro. Es hora, entonces, de impulsar decididamente esta forma de responsabilidad social en nuestra región. El autor es profesor honorario y emérito de diversas universidades del continente.
Fuente: La Nación

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