Empresas que hacen la diferencia: la ventaja competitiva de una gestión basada en valores (por Moira Lowe)
Cuando hablamos de valores en los negocios, estamos hablando de un recurso potencial que está conectado con el propósito del mundo de los negocios: servir.
Estoy hablando de negocios como agentes de beneficio del mundo. Hoy en día, cuando hablamos de empresas que hacen la diferencia, nos estamos refiriendo a organizaciones que entienden la ventaja competitiva de los valores. Entenderán la importancia de su relación con sus proveedores y clientes, con su propia gente o cliente interno y con el medio ambiente. Su supervivencia o sustentabilidad en el tiempo depende fundamentalmente de esto. Aunque todo a su alrededor cambie -las condiciones del mercado, la disponibilidad de los recursos materiales, la legislación, el medio ambiente, etc.-, la constante frente a todas las variables es que tiene un propósito y un potencial que no dependen de nada externo a ello. Su misión y su gente representan el capital humano donde están guardadas las ideas, la fuerza intrínseca de toda creación posible, el diseño de sus sistemas, los procedimientos, de su estructura, de su imagen, de su impacto, etc.Todo depende de las mejores ideas y éstas están en el individuo; no en las cosas ni en las situaciones, sino en las personas.
El presente y el futuro de una organización depende enteramente de su relación con las personas a quienes sirven y de quienes se sirven.
Por ejemplo, una empresa puede tener la mejor campaña publicitaria, la mejor estrategia de inserción en el mercado. Pero si su gestión no inspira confianza en sus clientes, no logrará lealtad como retorno. Si la promesa no es honesta, caerá por su propio peso. El valor de la confianza o credibilidad no es tangible, pero todo depende de ella y deriva del valor de la honestidad.
Si en un equipo de trabajo no hay confianza, surge lo contrario: el miedo que inhibe automáticamente la creatividad de las personas: se pierde la capacidad de innovación y la velocidad de respuesta.
La inseguridad conduce a la competencia entre las personas, lo que inhibe el flujo de la información a tiempo. Las personas ya no servirán a los intereses de la empresa sino a su propio ego. Se pierde la sinergia que surge de la cooperación.
Por donde lo miremos, donde hay problemas no hay valores. Desde ya habrá desafíos que pondrán a prueba los valores de una organización. Lo más importante es la motivación, el clima laboral, la comunicación y el estado de las relaciones humanas.
Hasta acá las empresas han avanzado, a veces vorazmente, a cualquier costo, sin tener en cuenta el resultado de sus acciones del presente en el futuro. Sin evaluar el costo o la pérdida que implica tener siempre gente poco comprometida o poco capacitada. Cuando la gente sólo trabaja por dinero, su compromiso es muy superficial; sólo basta una oferta mejor y así se pierde la inteligencia potencial. Quizá esa persona representaba mucho más en términos de ideas, de imagen, de ejemplo que su propio sueldo. Pero no es valorado por eso. Cuando las empresas solamente ven en las personas un precio, la gente sólo ve en las empresas su precio.
El producto puede ser igual, el precio también, pero nada atrae, nada compromete a un consumidor cuando no se ofrece un valor intagible real.
El marketing ha fracasado en la ilusión de vender valores y, por el contrario, ha creado necesidades irreales que hoy en día la gente ya no consume. La sustentabilidad de un paradigma sin valores es imposible y su caída es inevitable.
Cuando hay un clima de confianza, se fortalece el individuo que asume la responsabilidad de hacer su parte.
La confianza despierta la creatividad, los talentos se hacen disponibles y surge la cooperación.Cuando la crítica es reemplazada por el respeto y el diálogo conduce a la unidad, esto le da fuerza a la organización, lo que trasmite una imagen sólida que da seguridad a sus clientes.La consideración y respeto habilitan la participación, el aporte de las mejores ideas, lo que implica aceptar la autoridad de la experiencia de las partes. Se requiere humildad para escuchar. Las personas que hacen la diferencia requieren espacio para experimentar, para crecer. Y si no lo encuentran en una empresa, seguramente lo buscarán en otra. Uno puede retener a personas dependientes que representan manos, pero nunca retendrá a los líderes que generan los procesos de los que dependen las manos. Tienen su propio vuelo.
Es importante estimular el desarrollo de autoestima del capital humano, es decir, proveer la oportunidad para que las personas se conozcan, se valoren, se organicen. Sólo esto mejora el clima laboral. Un equipo con una base sólida de autogestión sabrá superar los desafíos del tiempo.
por Moira LoweDirectora de Brahma Kumaris
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