martes, 14 de agosto de 2007

Emerge una nueva clase media

Es útil prestar atención al desempeño de las naciones en el nuevo escenario mundial signado por la globalización, ya que la tabla de posiciones de los países ordenados según el tamaño de su economía registra significativos cambios en el último cuarto de siglo.

Entre los que mejoraron su ubicación entre 1980 y 2005 se destacan las naciones asiáticas: Singapur (trepó 20 posiciones), Taiwan (subió 14 lugares), Corea (12 puestos), Hong Kong (también 12 ) y China (ascendió cuatro lugares).

En Europa sobresalen Irlanda (subió 21 posiciones), Portugal (11) y España (3), mientras que en América latina mejoran su posición Costa Rica (23), México y Chile (tres puestos más arriba cada uno). Los ex países socialistas registran grandes retrocesos: Georgia retrocede 28 posiciones, Ucrania hace lo propio, con 23; Rumania baja 14 ubicaciones y Rusia desciende nueve.

Nuestro país perdió ocho posiciones entre 1980 y 2005, ya que retrocedió de la posición 21 a la 29. El retroceso argentino no debe sorprender a nadie si se recuerda que durante la década del 80 el PBI por habitante cayó un 25% (por algo se la llamó "la década perdida") y que, posteriormente, el colapso de la convertibilidad monetaria produjo una de las crisis económicas más graves de la historia mundial contemporánea.

Culminó así el persistente retroceso argentino en el escenario mundial, que fue característico de gran parte del siglo XX. Recordemos que a fines de la Segunda Guerra Mundial la Argentina no sólo era el país líder en América latina, sino que su PBI era equivalente al de todos los países restantes de la región. Hoy ocupamos la tercera posición, después de Brasil y México.

Durante los últimos cuatro años, nuestro país exhibió tasas de crecimiento casi al nivel de la imbatible China. El año que iniciamos será también muy propicio para nuestro avance económico.

Pero para consolidar el crecimiento a largo plazo es necesario prestar primero atención a la lección que surge del comportamiento de los países más "veloces" en el último cuarto de siglo. Todos ellos -sean asiáticos, europeos o latinoamericanos- han procurado la mejor inserción en el nuevo mundo globalizado, de acuerdo con sus fortalezas y ventajas competitivas. Es decir: tuvieron una visión estratégica de su mejor ubicación en el escenario mundial.

Pero el escenario mundial que interesa no es el de hoy, sino el de mañana. Por eso es crucial prever en qué dirección soplarán los vientos futuros. Hay algo que sabemos, y es que el centro del poder económico se desplazará aceleradamente hacia el Asia-Pacífico, impulsado por los dos gigantes asiáticos, India y China, que representan nada menos que el 40% de la población mundial. Pero simultáneamente avanza otra tendencia, cada vez con más fuerza, y es la emergencia de la "nueva clase media globalizada", integrada por familias cuyos ingresos anuales son, por ejemplo, superiores al de una familia brasileña y llegan al nivel de una familia italiana contemporánea.

Según el Banco Mundial, en las próximas décadas integrarán esta "nueva clase media globalizada" 1300 millones de personas, de las cuales más del 90% vivirán en los países en desarrollo. Pensemos que en la actualidad apenas 250 millones de personas integran esta categoría poblacional en los países en desarrollo. China es un buen ejemplo de esta tendencia, ya que solamente 55 millones de chinos pertenecen hoy a esta clase media, pero en las décadas por venir crecerán hasta casi 400 millones. Algo similar ocurrirá en otros países con grandes poblaciones, como India, Corea, Rusia, Brasil y México. Este ascenso de la nueva clase media provocará una explosión de la demanda de servicios turísticos internacionales. Se trepará de los 700 millones de hoy a 1600 millones de turistas en los próximos 15 años, con una importancia creciente de los nuevos turistas de los países emergentes. Y éste es un dato alentador para un país con el potencial turístico que tiene la Argentina.

Pero esta nueva clase media no solamente se dedicará a hacer turismo internacional, sino que además demandará más bienes, y de mejor calidad, no sólo automóviles y bienes durables, sino también especialidades alimenticias. Las pautas en estos nuevos mercados estarán crecientemente influidas por las preferencias asiáticas, ya que es en esta región donde se concentrará la mayor expansión futura de la demanda de bienes y servicios.

Reconocer esta tendencia ayudará a optimizar nuestra inserción en el mundo que viene, con un comercio internacional en acelerado crecimiento, ya que si bien seguirán siendo una minoría en sus países, los nuevos miembros de la clase media plantearán crecientes demandas por bienes y servicios.

En los próximos años serán cientos de millones los que ingresarán en los países emergentes del mercado mundial, con el mayor poder de compra que les otorgará su ascenso a la "nueva clase media", y que no querrán quedarse atrás de los niveles de consumo que hasta ahora estuvieron reservados a los habitantes de las naciones industrializadas.

Y esto es una buena noticia para nuestro país, ya que esta creciente demanda global valorizará nuestro potencial productivo y hará más fácil así que pasemos de la fase de recuperación a la del desarrollo sostenido. Pero si queremos aprovechar plenamente las oportunidades que nos ofrecerá el mundo en el futuro será esencial acumular capital humano. Esto exigirá enfatizar las actividades científicas y tecnológicas en nuestro sistema educativo, particularmente en el nivel universitario. Aquí hay mucho por hacer.

Si actuamos con inteligencia, el siglo XXI podrá ser testigo de la recuperación por parte del país de las posiciones perdidas en la segunda mitad del siglo XX.

Fuente: LA NACION

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