martes, 28 de agosto de 2007

El ejemplo de las hormigas

De paseo por el parque, nos sentamos junto a un hormiguero y observamos la febril actividad de este mundo en miniatura. Primera impresión: un montón de hormigas corriendo desesperadas sin dirección precisa.

"Nada más alejado de la realidad", me explicó Francisca con su inconfundible pasión. Los estudiosos de la etología nos enseñan que cada insecto sabe exactamente qué hacer y adónde ir. La mitad busca alimentos. Un 25 por ciento realiza tareas de mantenimiento. El 25 por ciento restante patrulla la zona.

Las proporciones varían a medida que se modifica el contexto. ¿Se derrumbó un túnel? Algunas hormigas que buscaban alimento se ponen a repararlo. ¿Los stocks de alimento están peligrosamente bajos? Más hormigas salen a buscar hojas. Así, los trabajadores fluyen dinámicamente entre las distintas funciones.

Viajemos por los delgados túneles del hormiguero en busca del jefe que se encarga de asignar las tareas para que funcione tan refinada organización social. ¡Sorpresa! No encontramos un Presidente, ni un gerente de Recursos Humanos, ni un CEO, ni un comité central de planificación. Sí encontramos una hormiga reina. Pero sus funciones se limitan a poner huevos. No tiene ninguna participación en la vida económica.

¿Cómo puede tan aceitada organización funcionar sin un líder?
Las hormigas tienen una asombrosa capacidad de auto asignarse el trabajo sin que nadie les diga qué hacer. Cuando una hormiga pasa junto a una parte derrumbada del hormiguero, automáticamente se pone a trabajar codo a codo con las que ya están realizando tareas de reparación. A través de un intercambio de compuestos químicos, una hormiga puede decirle a otra "se derrumbó el túnel 57". A lo que la primera responde: "ya salgo para allá". A través de este mecanismo, la cantidad de trabajadores en cada tarea se autorregula de acuerdo con las necesidades de la organización. Sin órdenes, sin líderes...

Abandonemos los túneles del hormiguero para introducirnos en los pasillos más complejos de las organizaciones.
Algunos estudios recientes apuntan hacia la creación de un tipo de organización sin líderes. En el artículo "The Half Truths of Leadership", el célebre académico de Stanford, Jeffrey Pfeffer, aboga por una corporación donde el liderazgo no sea necesario. Es posible concebir sistemas organizativos donde los trabajadores logren mantener la motivación y colaboración sin la necesidad de un líder que diga qué hacer y brinde buenas razones para hacerlo.
Según Pfeffer, en la organización eficiente, las acciones se autorregulan. ¿Es esto posible?
Una perspectiva economicista de las organizaciones seguramente suscribiría esta proposición. Todo sería modelizable y, por qué no, hasta replicable.
Pero, veamos una propuesta más descartiana. Una empresa que logra desarrollar procesos de funcionamiento eficaces, establecer incentivos alineados con esos procesos y finalmente verifica en la práctica su funcionamiento "exitoso", está muy cerca del modelo "hormiguero". De hecho, los procesos encierran el "conocimiento" de las organizaciones.

Sin embargo ¿qué es lo que hace que dos organizaciones con los mismos proceso e incentivos, no tengan los mismos resultados?
La diferencia está en el matiz, en lo sutil, en lo que no se ve a simple vista. En el caso de las hormigas, cuando una pared del hormiguero se cae, se suma un pelotón de obreras a trabajar codo a codo con sus compañeras.
En un equipo de trabajo, para que ocurra lo mismo, tiene que existir cohesión, sentido de pertenencia, compromiso.
De nuevo, la diferencia a la que aludíamos antes está en la gente.

Tratemos de tener en claro que debemos hacer cada uno y de ser mejores como personas, asi podremos funcionar mejor como equipo.

Imitemos a las hormigas ¡!

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