martes, 14 de agosto de 2007

Buenos celulares para hablar y tomar fotografías


Adivinanza: ¿qué tienen en común un teléfono y una cámara de fotos? Nada, por supuesto. Así que elegir un celular que, además, sirva de cámara puede tener sus bemoles.

Si escogemos el modelo equivocado, corremos el riesgo de que las fotos no tengan una calidad aceptable, por lo que habremos pagado por algo que no vamos a usar; que sea demasiado complicado tomarlas, con lo que no lo usaremos porque es muy engorroso activar la cámara, o que no haya un modo sencillo de pasarlas a la computadora, con lo que nuestras imágenes quedarán confinadas al teléfono.

Al igual que las cámaras digitales, los celulares que sacan fotos lo hacen por medio de un sensor electrónico que convierte la luz de la escena en electricidad y ésta, a su vez, se almacena como información digital en la forma de una imagen de computadora, típicamente un JPEG.

Ese sensor puede captar la realidad con mayor o menor detalle, dependiendo del número de celdas sensibles que posea. El número de estas celdas se denomina "resolución" y se mide en megapíxeles (millones de píxeles, MP); cada celda captura un elemento de la imagen llamado "píxel".

Por ejemplo, una cámara de 3,2 MP sacará fotos que, una vez en la computadora, tendrán una resolución de algo más de 2000 píxeles de ancho por un poco más de 1500 de alto. Estas dimensiones son suficientes, por ejemplo, para imprimir en papel a tamaños normales sin que se note que se trata de una cámara digital.

El problema es que los sensores son costosos. Una persona puede estar dispuesta a pagar algo más de mil pesos por una cámara digital, pero no por un teléfono que saca fotos. Así que, en general, los celulares con cámara tienen una resolución por debajo de 1 MP.

Sin embargo, para capturar imágenes de calidad aceptable que puedan imprimirse en papel hay que optar por equipos de por lo menos 1 MP. Y si es más, mejor. Teléfonos como los Sony Ericsson W800 y W810 (2 MP) o el Nokia N90 (3 MP) son opciones mucho mejores, aunque sin duda más caras, para quien quiere sacar buenas tomas con el celular.

Antes de decidirse por un teléfono móvil, hay que probarlo. Esta regla debe seguirse con todos los modelos, sencillamente porque algunos son más fáciles y ergonómicos que otros. Si viene con cámara, el precepto es mucho más perentorio.

Puesto que un teléfono no es una cámara, ocurre que no siempre sacar una foto es simple. Si la tarea es muy compleja, la escena puede escapársenos delante de las narices. Por eso, hay que solicitarle al vendedor que nos muestre cómo activar la cámara y dejarla lista para capturar imágenes. Si esto requiere navegar por muchos menús, no es una buena elección.

En la PC

Las fotos que toma una cámara digital se almacenan en un chip de memoria. Una vez agotada su capacidad , ya no podemos sacar más, excepto que borremos algunas del chip. En lugar de eso, las pasamos a la PC para resguardarlas, y luego borramos la memoria del dispositivo para dejarlo listo para nuevas tomas. Con los celulares ocurre exactamente lo mismo. El problema es que muchas veces no vienen con los accesorios para hacer la transferencia de las fotos a la computadora.

En general, el cable y el software para hacer este traspaso deben comprarse aparte, y éste es otro factor decisivo a la hora de elegir un modelo. Debe consultársele al vendedor si el equipo trae los accesorios necesarios para salvar las fotos en la PC y, de no ser así, cuánto vale el opcional y si está disponible en stock. Si el teléfono realmente va a usarse para captar imágenes, entonces lo más aconsejable es adquirirlo en el mismo momento que el teléfono.

También hay que averiguar, antes de comprar un modelo, si acepta tarjetas de memoria adicionales para expandir dicha capacidad de almacenamiento; no es una mala idea separar parte del presupuesto para adquirir, también en el momento, una tarjeta adicional de 128 MP o más.

Debe recordarse que cuanto más alta sea la resolución, mayor espacio de memoria ocuparán las imágenes, por lo que a mayor resolución, mayor debería ser el tamaño de la tarjeta que tenemos que comprar.


Por Ariel Torres
De la Redacción de LA NACION

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