Mi lector Bloglines (uno de los tantos programas agregadores de noticias que permite suscribirse a infinidad de fuentes para leerlas en un mismo entorno) terminó teniendo una lista de categorías tan extraña como lo apasionante que resultan los temas que ellas contienen. Algunas de las secciones de mi Bloglines son:
Ideas. Internet. Futuro. Google Maps/ Neocartografía. Cómo hacer algo. Cool Blogs. Política Internacional. Viejos medios. Creatividad. Móviles. Steve Outing Guide…
En total mi Bloglines tiene 44 secciones formadas por unas 300 fuentes (la mayoría de ellas blogs, aunque también hay algunos diarios extranjeros y revistas). El conjunto produce como mínimo 2000 títulos diarios. Leo casi el total de esos títulos diariamente y con mayor profundidad accedo a unos 20 artículos. En este desplazamiento silencioso en el consumo de información que describo de manera personal, la mayoría de los medios han perdido a millones de lectores para siempre.
El estómago de la audiencia
Roberto Goizueta, ex director de Coca Cola, formuló una vez una pregunta a sus colaboradores que se volvió legendaria en la historia del marketing. Quería saber: “¿Cuál es nuestra participación en el estómago del cliente?”
Es decir: De todo el líquido que el estómago de una persona puede contener ¿Cuánto le dedica a Coca Cola? El poder de la pregunta estaba en comprender que no importaba tener una participación del 80% en el mercado de gaseosas, sino tener la mayor participación posible en el estómago de los clientes que tienen una capacidad finita de consumir líquidos. Desde ese punto de vista visionario todos los líquidos eran una amenaza. El agua, el te y la cerveza eran tan competitivos para Coca Cola (como lo resultaron años después) como podía serlo Pepsi.
Hoy muchos medios sostienen prácticas periodísticas tan probadas como obsoletas y una definición obstinada de la actualidad. Su rival imaginario es otro diario, otro noticiero, otra radio (como Pepsi lo era obsesivamente para Coca Cola). En su “zona de comodidad” monitorean su participación en el mercado de los medios (circulación, publicidad, audiencia) y descuidan su “participación en el estómago” de la audiencia. Tal vez tengan razón en su proceder, yo no lo se.
Pero mientras tanto en Internet una constelación de lenguajes, temas, comunidades de conocimiento y formatos creativos invade todo con una atmósfera creciente de contenidos deslumbrantes.
A esta altura ya no me importa si los periodistas y los medios obsoletos se adaptarán o no, si serán más creativos o no, si cambiarán algo o no. En el mejor de los casos si lo hacen serán un agua saborizada más compitiendo por la participación en el estómago de las personas.
Julián Gallo
lunes, 13 de agosto de 2007
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