Por Néstor O. Scibona | LA NACION
Todo indica que mañana será una jornada más que complicada en bancos y casas de cambio. Quienes necesiten o deseen comprar dólares se encontrarán ante una suerte de juego electrónico a través del cual la AFIP los autorizará o no a hacerlo.
Si en la pantalla del cajero aparece "Validado", podrán adquirir sólo el monto que surja de su capacidad contributiva declarada. En cambio, la leyenda "Con inconsistencias" sentenciará un "game over", aunque con consecuencias ulteriores: la AFIP se encargará de investigarlos y eventualmente denunciarlos por delitos de evasión o lavado de dinero. También existe la opción de evitarse este último mal trago con una consulta anticipada al sitio web de la AFIP y, obviamente, la abstención de comprar.
Muchos cajeros de entidades, que la semana última tuvieron a distancia la infrecuente compañía de gendarmes, prefectos o policías, se enteraron por los medios este fin de semana de que ahora habrán de convertirse en virtuales detectives o inspectores impositivos y, quizás, en blanco de reclamos ajenos a su tarea específica.
Los banqueros tuvieron apenas algo más de suerte: fueron informados del nuevo sistema por el Banco Central a media tarde del viernes; pero cuando en las sucursales no quedaba nadie a quien instruir de la novedad. Aunque con reparos formales, todos se comprometieron a colaborar en esta cruzada contra el fraude fiscal, si bien en su fuero íntimo más de uno descontara que el objetivo es desalentar la imparable demanda de divisas.
Sólo mañana se conocerá la operatividad de los nuevos controles fiscales, que harán camino al andar. Pero esta incógnita genera otro temor: podrían recalentar el mercado paralelo de cambios, refugio obligado de quienes están flojos de papeles y dispuestos a pagar más por el dólar. Si llegara a ampliarse la brecha entre el dólar oficial ($ 4,265) y el blue - hasta ahora inferior a 10%- surgen otros riesgos. Uno, que la cotización del paralelo pase a ser punto de referencia de las transacciones y los precios. Otro, que se acentúe la actual desaceleración de depósitos bancarios, a pesar de la reciente escalada de las tasas de interés.
Por lo pronto, está claro que la proliferación de requisitos, controles policiales y fiscales para reducir la compra de divisas, sólo apunta a blindar las declinantes reservas del BCRA. Pero la táctica elegida no disminuye la tensión en el mercado cambiario, sino más bien la acentúa. Porque introduce más "ruido" y porque ataca los efectos y no la causa básica de la actual incertidumbre: cómo será la política económica en el segundo mandato de CFK. Ante la opción de generar más confianza o apelar a más controles, por ahora el Gobierno se inclinó por esta última.
En este escenario tampoco se explica por qué los nuevos controles on line de la AFIP aparecen después de que casi 20.000 millones de dólares salieran del circuito económico en 2011 para refugiarse en cuentas en el exterior, cajas de seguridad o "colchones", aunque no sea negocio.
No es la primera vez que una medida se anuncia con un objetivo aunque busque otro. Salvando las enormes distancias económicas con aquella época, el funesto corralito de Domingo Cavallo fue justificado en la necesidad de bancarizar a la población y blanquear las operaciones comerciales.
Por otro lado, la AFIP se anotó ahora con un aparente "acto fallido": en el instructivo de su flamante resolución, los ejemplos de compra de divisas se consignan con una cotización del dólar a 4,75 pesos.
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