Hace ya cien años que el médico brasileño Carlos Chagas describió esta parasitosis, trabajo que luego fue complementado por nuestro compatriota Salvador Mazza. Esta enfermedad tropical cubre toda la América del Sur y Central; aunque en menor escala, aparece en el sur de los Estados Unidos, donde se estima que alcanza a 15 millones de personas en total, y en los últimos años, debido a las migraciones de trabajadores de los países de América latina hacia Europa, también ha comenzado a crecer la preocupación allí por la aparición de esta enfermedad, a partir de la donación de sangre u órganos de personas infectadas.
El mal se origina y transmite por medio de un binomio integrado por la vinchuca, un insecto chupador, hematófago, que suele estar infectado por un protozoario denominado Trypanosoma cruzi . Durante las horas del sueño humano, la vinchuca pica a su víctima para alimentarse y en ese mismo acto, si está infectada, implanta la enfermedad, que va desarrollándose en ciertos órganos: el hígado, los intestinos y el corazón. Las vinchucas viven preferentemente en las viviendas precarias, en fracturas y hendijas que les son propicias, o en animales domésticos, como perros, gatos, cerdos, aves y otros de vida silvestre, cercanos a esas viviendas. Se trata de una enfermedad propia de la pobreza, en regiones tropicales y subtropicales, sin perjuicio de lo cual se encuentran vinchucas en el Gran Buenos Aires y en cordones de otras ciudades de clima templado.
El control del mal de Chagas tiene herramientas preventivas y curativas. Las primeras se basan en el tratamiento de viviendas y galpones rurales con insecticidas que se aplican también a los animales mencionados. También se previene con campañas educativas. Si se reconoce precozmente la picadura, que suele dejar marcas en la piel, se trata a los enfermos con drogas cuya efectividad no es concluyente; lamentablemente, la industria farmacéutica, tanto nacional como extranjera, no ha dedicado recursos a la investigación y el desarrollo de medicinas para prevenir o curar definitivamente el mal y los medicamentos para tratarlo son efectivos por poco tiempo, luego de la infección o en niños de hasta 14 años. De continuar el curso de la dolencia se desarrollan efectos crónicos que afectan los órganos mencionados y son determinantes de una gran indolencia, incapacidad laboral o muerte prematura por efectos cardiológicos. Es frecuente el nacimiento de chagásicos por infección de su madre.
Editorial IIMal de Chagas, sin control en el país
La falta de continuidad en las campañas sanitarias provoca un alarmante aumento de la enfermedad en la Argentina
lanacion.com | Opinión | Jueves 4 de diciembre de 2008
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