domingo, 18 de diciembre de 2011

Llega la hora de ser competitivos

Por Florencia Donovan | LA NACION
Es uno de los anuncios que hizo la presidenta Cristina Kirchner en su discurso inaugural que más ilusiona a economistas y empresarios. La creación de una Subsecretaría de Competitividad, que será la encargada de realizar la "sintonía fina" para generar "mayor valor agregado, mayor innovación, ciencia y tecnología", llega justo cuando el afamado modelo kirchnerista se encuentra más apremiado que nunca.

La crisis internacional, la desaceleración de las grandes economías mundiales y la caída en los precios de las commodities -la soja llegó a cotizarse en la semana a US$ 404 la tonelada, su valor más bajo en 14 meses- se conjugan con la apreciación del tipo de cambio real -ya casi en los mismos valores que a fines de la convertibilidad- en un combo de extremo peligro para la economía argentina, que, una vez más, puede correr el riesgo de quedar a merced de los cimbronazos externos de no realizar las correcciones necesarias.

"La Argentina se encuentra frente a dos problemas macro de fondo: inflación y pérdida de competitividad; en realidad, una cosa lleva a la otra", dice Marcelo Capello, presidente del IERAL de Fundación Mediterránea. "En materia de competitividad, la situación comienza a parecerse mucho a la de finales de los años 90, aunque con una diferencia fundamental: un contexto externo más favorable desde el punto de vista de los precios de las commodities que la Argentina produce", aclara el economista.

Para muchos, "competitividad", una palabra que puso de moda durante la gestión de Fernando de la Rúa el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, remite a recuerdos poco felices. Ya que asocian la situación actual, en la que el tipo de cambio se ha vuelto un corset ya para muchos sectores, con la de los últimos meses del 1 a 1, cuando el por entonces superministro ideaba planes de competitividad con la esperanza de oxigenar así una economía que llevaba (también a diferencia de lo que sucede hoy) casi cuatro años en recesión.

"Los planes de competitividad de Cavallo no funcionaron porque tuvieron una vida muy corta", aclara, no obstante, Mariano Lamothe, economista jefe de Abeceb.com. "[Los planes] hay que hacerlos cuando realmente existe la competitividad de costos. Porque si se hacen sobre el límite, es difícil forzar las decisiones empresarias. Hoy aún hay margen, pero hay que actuar rápido."

Por méritos que haya hecho la economía y logros que todavía muestra (cuentas fiscales más ordenadas que las de la muchos países desarrollados, un desempleo de un dígito y un crecimiento aún envidiable), hay indicadores que muestran que la competitividad de la economía es menor que la de años recientes o, en su defecto, que todavía tiene mucho por mejorar. Después de todo, la Argentina no figura entre los países mencionados por las multinacionales como destino prioritario de inversión extranjera directa (IED), según la Comisión Económica para América latina (Cepal), tiene apenas tres empresas compitiendo entre las 60 multilatinas más grandes (contra 25 de Brasil, 13 de México o 12 de Chile, de acuerdo con la consultora DNI), y en el último tiempo está mostrando un crecimiento de sus exportaciones menor al del promedio de la región.

"Las exportaciones argentinas crecieron en los primeros ocho meses de 2011 un 25%, pero si las medimos por su volumen físico y descontado el efecto que el incremento de precios produce en ellas, se han elevado en los primeros ocho meses sólo 5%", detalla Marcelo Elizondo, director de DNI. "La Cepal muestra que las exportaciones regionales aumentan en 2011 27%, crecimiento que implica en volumen una suba de 9%", agrega el especialista en comercio exterior.

Aunque muchos expertos lo consideran un indicador subjetivo, el índice de competitividad del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) ubicó este año al país en el puesto 85° sobre 142 países relevados. Hace casi cuatro años que el país no modifica demasiado su lugar (a diferencia de Brasil, México o Perú que escalan posiciones), en el que Chile se lleva los laureles de la región (con el puesto 31°). "La competitividad potencial de la Argentina, que se beneficia por el tamaño de su mercado doméstico y una población con un nivel de educación relativamente alto, sigue sin realizarse por la falta de confianza que hay en sus instituciones y las ineficiencias en la asignación de bienes, mano de obra y los recursos financieras", señala el WEF en el informe.

Existen distintas definiciones de "competitividad". Algunos abordan el problema desde el punto de vista de algún sector, otros del tipo de cambio, y otros desde las empresas. En cualquier caso, los economistas coinciden en que la búsqueda de competitividad no debería reducirse a cualquiera de estos enfoques, sino comprenderlos todos. Aunque la estabilidad macroeconómica es condición sine qua non para poder comenzar a plantearse el debate.

"La competitividad es el conjunto de políticas que hacen los países para que sus empresas generen riqueza y, con ese poder, mejoren la calidad de vida de su gente -dice Alberto Schuster, socio director ejecutivo de KPMG.- Celebro lo que sostuvo la Presidenta [Cristina Kirchner] cuando dijo que no pasa por ser el club de devaluadores y salarios bajos. El tipo de cambio es una variable, pero no la única. El Gobierno lo definió bien: es un análisis a mediano plazo, nada de corto plazo."

Así, coinciden los expertos, el accionar de la flamante subsecretaría que conducirá el joven representante de la Cámpora Augusto Costa no debería reducirse a una exención impositiva, un crédito blando o un plan sectorial, sino que debería aspirar a coordinar políticas macroeconómicas de mediano y largo plazo entre las distintas áreas de Gobierno. Mejoras en infraestructura, en la calidad de las políticas públicas, de los funcionarios, y sobre la educación son algunos de los objetivos que debería perseguir Costa para, en definitiva, lograr una mayor competitividad relativa de las empresas argentinas.

"El problema es que todo tiene que ver con la competitividad y es difícil definir qué tecla tocar", opina Eduardo Fracchia, director del área de Economía del IAE, que colabora con el WEF en la recopilación de los datos locales. "La subsecretaría podría ser un catalizador para acciones orientadas a fortalecer la infraestructura. Que funcione bien la energía, por ejemplo, sería clave, porque pega en todos lados; también un buen funcionamiento de los mercados, aunque eso va en contra de [Guillermo] Moreno. Otro punto sería favorecer la investigación y desarrollo, hay muchos sectores que empujan por ese lado, como el de energías renovables o la biotecnología", sugiere.

UNA SOCIEDAD MÁS COMPLEJA

"En el fondo -opina Bernardo Kosacoff, profesor de la UBA, de Di Tella y de la Universidad de Quilmes- es como pasar a una sociedad más compleja, para hacer bienes con más valor agregado. Esto implica superar falsos dilemas típicos del país: requiere cooperación entre servicios, el agro y complementación entre pymes y grandes empresas para desarrollar cadenas de valor, y fortaleza en las instituciones para la inserción en los mercados."

La fórmula para lograrlo no es una sola. Según Schuster, Japón en la posguerra es un ejemplo de cómo la competitividad puede surgir con un modelo en el que el Estado esté más presente, mientras que Estados Unidos o Canadá son ejemplos de éxito de países competitivos en un capitalismo de libre mercado. "Mientras sean virtuosos, todos los modelos sirven", subraya.

Más allá de la definición de la estrategia, que en sí en un gran desafío, el mayor inconveniente para la nueva subsecretaría reside en que el debate de la competitividad es un planteo de mediano y largo plazo, que exige romper con los tiempos de la política que, por naturaleza, está siempre envuelta en la búsqueda de resultados tangibles y de corto alcance.

"El riesgo es que esto sea sólo un anuncio y seguiremos a la suerte de la modificación de los términos de intercambio. Los precios de la soja nos favorecieron, pero si empeoran sentiremos las consecuencias. El antídoto es ser competitivos en otros sectores", sentencia Schuster. Parece un objetivo ambicioso.

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