domingo, 6 de noviembre de 2011

La Presidenta y el capitalismo

Editorial La Nación
Sería conveniente que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, antes de reclamar a los líderes mundiales un "capitalismo en serio" y cuestionar el sistema financiero global, se detuviera en las complicaciones que el exacerbado intervencionismo de su gobierno está provocando en la economía argentina.

Durante un mensaje pronunciado en Cannes el jueves pasado, en el marco de la cumbre del G-20, la primera mandataria consideró que "esto que estamos viviendo no es capitalismo", sino "un anarcocapitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie", al tiempo que pidió que aumenten las regulaciones al sistema financiero internacional.

Reclamó a los líderes mundiales que "dejen de controlar en qué gasta cada país" y que comiencen a "ver qué hacen cada banco de inversión y las calificadoras de riesgo". También cuestionó que haya inversores que ganan fortunas en cuestión de horas, sentados delante de una computadora, especulando con las fuertes oscilaciones de las cotizaciones en los mercados bursátiles y, en lo que sonó como una apreciación más que ingenua, la Presidenta se quejó de que "eso los líderes del mundo no lo han solucionado".

Tal vez la jefa del Estado no esté debidamente asesorada. De lo contrario, sabría que buena parte de las bruscas oscilaciones que se produjeron en la última semana en el mercado de títulos públicos argentinos obedeció a la activa intervención de la Anses, convertida desde que pasó a manejar los fondos que antes gerenciaban las AFJP en uno de los principales jugadores de la bolsa local.

Si lo que pretende la jefa del Estado es exportar las recetas intervencionistas y reguladoras que, en los últimos días, ha aplicado el gobierno argentino en el mercado cambiario para frenar la sed de los compradores de dólares, no podrían esperarse soluciones a los problemas del sistema financiero global, sino inconvenientes mayores.

El ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso sostiene que hoy existe en el mundo un solo sistema, que es el capitalismo, con dos modelos. El de mercado, representado por los Estados Unidos, y el de Estado, cuyo exponente más caracterizado es China. Entre ambos, cada país determina cuánto de uno y cuánto de otro integra en su modelo.

Con la llegada de Néstor Kirchner al poder, el modelo pasó a ser el capitalismo de amigos, que tiene en la Rusia de Putin una clara referencia. Hay capitalismo, pero las mejores oportunidades de negocios y muchas grandes empresas, por lo general, permanecen en manos de los amigos o socios del poder.

Esta clase de modelo tuvo múltiples manifestaciones en la Argentina de los últimos años, tanto en las licitaciones para obras de ?infraestructura, como en el negocio de los juegos de azar, el sector energético y los medios de comunicación. Se gestaron así nuevos grupos económicos, afines al poder, que apoyan y participan de sus acciones políticas y reciben beneficios por ello.

Del mismo modo, van ganando terreno en el oficialismo iniciativas tendientes a ampliar las regulaciones en el sistema financiero o terminar con la independencia del Banco Central, asumiendo que su objetivo no debe ser la política monetaria, sino generar empleo y producción. Al mismo tiempo, desde ciertos sectores, se impulsan la nacionalización del comercio exterior y la virtual estatización de las obras sociales.

Proyectos como los mencionados apuntarían a garantizarle al Gobierno el control de flujos de fondos, cuando no la transferencia de ciertas empresas a manos amigas. Abundan los ejemplos: el enorme aumento de las retenciones a las exportaciones agrícolas es quizás un caso paradigmático, pero que por la gran cantidad de productores a los cuales afecta tiene características diferentes de otros casos recientes, dirigidos a un número más reducido de empresas. Es ésta la situación de las comercializadoras de cereales, que luego de negarse a adelantar grandes sumas a cuenta de impuestos el año pasado, sufrieron toda clase de hostigamientos por parte de la AFIP, que llegaron en algunos casos a su eliminación del registro de exportadores. A ello se agregaron las recientes presiones para que, a cambio de redimirse por su resistencia pasada, contribuyan a la "caja" por vía de nuevos "adelantos" de fondos por conceptos supuestamente tributarios no definidos claramente.

En una visión fáctica de la política, podría interpretarse que la llamada "profundización del modelo" de la que habla el kirchnerismo se vincula con la apropiación por parte del Estado de posibles fuentes de financiamiento. En los últimos años, cuando el Poder Ejecutivo tuvo problemas para financiarse, no dudó en expropiar las AFJP. Cuando ello no fue suficiente, en la segunda parte del gobierno de Cristina Kirchner, se utilizaron las reservas para pagar deuda. En su segundo gobierno, aparece la posibilidad de la apropiación de nuevas cajas: un uso más amplio de las reservas, la apropiación de mayor renta de la exportación de granos, de los recursos del Fondo Solidario de Redistribución de las Obras Sociales y del Pami.

Las últimas palabras de la Presidenta, incluido su mensaje en Cannes, no ayudan a evacuar esas sospechas. Por el contrario, las potencian y prenuncian un ciclo de mayor dirigismo económico, intervencionismo estatal y regulaciones sin límites.

En definitiva, surge claramente que la idea de "profundizar el modelo", sin abandonar el del capitalismo de amigos, puede implicar un giro hacia lo que puede denominarse capitalismo de Estado.

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