Por Francisco Olivera | LA NACION
Al presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) le temblaron los labios de la emoción. José Ignacio de Mendiguren acababa de escuchar a Cristina Kirchner decir palabras que los empresarios esperaban desde hacía más de un año, y empezó, entonces, él solo, un aplauso que enseguida siguió todo el auditorio y que sonó más sincero que otras veces.
Fue un giro contundente: la Presidenta sepultó ayer, ante el empresariado, el proyecto de ley de la CGT para repartir ganancias entre empleados, mencionó por primera vez la inflación, negó que pensara prohibir girar utilidades al exterior y pidió a los gremios terminar con los conflictos intersindicales y acatar las conciliaciones obligatorias.
El cierre de la 17a Conferencia Industrial, en el hotel Hilton, no pudo entonces ser más auspicioso para los hombres de negocios que se congregaron masivamente para ver a la Presidenta y a su gabinete. Como siempre, la Presidenta manejó la escena. Llevaba una hora y media de discurso, hizo una pausa y buscó a Hugo Moyano. Acaso, intuyendo todo, el líder sindical había dejado el recinto.
"Sé que estuvo hablando acá, no sé si hace un rato... ¿Está el compañero secretario general de la CGT? ¿No? ¿Se fue? Bueno, seguramente debe haber hablado de la ley de distribución de ganancias; por lo menos, yo lo veo todos los días en los diarios y lo leo con mensajes hacia el Ejecutivo. Pero, si no lo hizo, les voy a decir qué opino yo acerca de esta cuestión", dijo. Y siguió con la definición de su idea de proyecto en los mismos términos en que lo venían pidiendo los empresarios. Es decir, a través de negociaciones paritarias, como en Brasil: "Es una cosa que tienen que decidir entre los empresarios y los trabajadores; no la puede imponer el Estado por la fuerza a través del Parlamento".
Ahí se desató la ovación. Hace poco más de un año, Kirchner había respaldado en el Congreso el proyecto del abogado Héctor Recalde. Fue la razón del alivio de una platea más nutrida que nunca. Acompañaban Paolo Rocca, Eduardo Eurnekian, Luis Pagani, Claudio Cirigliano, Sebastián Eskenazi, Gabriel Romero, Víktor Klima, Hugo Biolcati y Adelmo Gabbi, entre otros. "Estamos de acuerdo, porque esto se da en un país que tiene negociaciones colectivas. En otro lado sería distinto", dijo Daniel Funes de Rioja, uno de los vicepresidentes de la UIA y quien más se ha opuesto al proyecto de la CGT.
Esa sintonía podría explicarse con dos datos en sí mismos elocuentes. El primero es que, según afirmó Funes de Rioja, los empresarios ya estaban al tanto del anuncio. El segundo fue en realidad un acto fallido presidencial en el que casi nadie se detuvo: al aludir a la relación entre empresas y sindicatos, Cristina Kirchner dijo coincidir con Mendiguren en que llegaba la hora de "innovar los comportamientos", concepto que celebró en tres oportunidades. Nada extraño, excepto por un motivo: esa cita no había salido del discurso del líder fabril. ¿Lo habían hablado en otro momento, en otro lugar? Las influencias adquiridas últimamente por Mendiguren impiden descartarlo.
Ayer, sentado a la izquierda de la mandataria, el textil llegó incluso a aplaudirle una idea que suele fustigar desde hace años, como la posibilidad de que el tipo de cambio se convierta en ancla de la inflación. Era además la primera vez que Cristina Kirchner se refería a lo que su ministro de Economía, Amado Boudou, llamó este año "reacomodamiento de precios".
La Presidenta comparaba las devaluaciones en la región y se explayó: "Si ustedes observan la línea argentina, nunca la van a ver en la línea de la revaluación de la moneda, siempre la van a ver en la línea de la depreciación; tal vez no con la intensidad que querrían todos los exportadores, pero entonces no me vengan a hablar de inflación después porque, si yo no tengo controlada también la variable del dólar, ¡vamos muchachos, dos más dos son cuatro!, y todos sabemos que terminan referenciando los precios de los bienes y los servicios en dólares. Pongámonos de acuerdo porque no se puede tener la chancha, los 20 y la máquina de hacer chorizos. Hay que tener un adecuado timing de cómo se maneja cada una de esas variables. Quiero aclararles que nuestro modelo es de crecimiento, no de metas de inflación; ése es el método del Consenso de Washington", dijo.
Fueron en realidad tres menciones del alza de precios. Momentos antes había propuesto: "Hay que comenzar a ver, por ejemplo, en las grandes industrias, y sobre todo fundamentalmente en lo que son los grandes temas, inversión, cuestiones salariales, inflación, subsidios; hay que comenzar a hablar y a analizar con sintonía fina".
El tono era dialoguista. "Aprendí a no enojarme", dijo en un momento. "Me gustó todo", valoró José Luis Basso, el fabricante de válvulas de Rafaela. "Buen discurso", reconoció Biolcati, que había escuchado de pie.
La Presidenta les pidió inversiones y negó que estuviera en estudio una idea que los espanta. "Aprovecho para pasar un aviso frente a tanta cosa que se publica y se dice de modificación, de promoción, de ley, de inversiones y cosas extrañas, que no se va a permitir por ley remitir ganancias. Yo creo que ofenden la inteligencia de los argentinos; a mí me preocupa la gente que lanza estas cosas, que lo hace como han lanzado toda clase de rumores en las últimas semanas, de lo más disparatados. Realmente no me preocupan, porque sé los intereses que representan; a mí lo que más me preocupa son los tontos que pueden creer cosas como éstas luego de 8 años y medio que lleva este gobierno."
Se fue envalentonando hacia el final. Criticó a los medios y fue aplaudida. Dijo que los diarios no le habían dedicado a su triunfo electoral el calificativo de "contundente" en ninguna tapa, como sí lo habían hecho con el español Mariano Rajoy. Se mostró también molesta por la demanda de dólares y por operaciones financieras que, en rigor, no son ilegales. Hablaba de los sectores "más vulnerables" e ironizó: "Ellos no me hacen contado con liqui; en realidad, contado con liqui ahora, después de algunas reformas que hemos hecho en el Central, no lo puede hacer nadie, pero ya van a encontrar seguramente desde el sector financiero alguna forma. También estaremos detrás de ellos. No son los jubilados de la mínima los que me remesan o atesoran billetes o utilidades en un portafolio o cambian de portafolio".
En el cierre volvió a los sindicatos. "¿Quién puede negar el derecho a huelga? -dijo-. Un derecho constitucional para defender lo que uno quiere ganar, lo que uno quiere lograr. Pero últimamente asistimos a prácticas, y ya que vos hablabas, De Mendiguren, de innovación de comportamientos, donde los conflictos ya no son ni siquiera con la patronal o con el Estado, son intersindicales, de encuadramiento, de quiénes son mis afiliados o quiénes dejan de serlo, y paralizan la actividad de una empresa o de toda la actividad económica. Esto no es conflicto laboral, esto es conflicto sindical".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario