lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Cuánto ganás por mes?

Por Nicolás Litvinoff | Estudinero
Mi columna Gano 6.900 pesos por mes y no puedo ahorrar, ¿que hago? publicada hace dos semanas en este portal se convirtió en una de las notas más leídas y comentadas de ese día con más de 1000 comentarios, la mayoría de ellos muy duros hacia el consultante (Gregorio), quien recibió todo tipo de agravios por no poder tener capacidad de ahorro con un sueldo tan alto.

Mas allá de la lógica discusión en el foro acerca de si el ingreso de esta persona es realmente una fortuna o no, me queda dando vueltas la pregunta de ¿porque la gente se vuelve tan rara cuando se habla del tema de los ingresos de cada uno? Todos sabemos que, por ejemplo, en los EE.UU, las personas hablan abiertamente de lo que ganan en términos anuales sin ninguna complicación. Ante cualquier requerimiento, un anglosajón te dirá al momento cuantos son sus ingresos en términos anuales sin siquiera pestañar.

En la Argentina (y en varios países de Latinoamérica, por lo que pude observar) el tema del sueldo es directamente tabú. Nadie sabe cuánto gana el otro y alrededor se construye un manto de misterio, incluso entre los compañeros de trabajo de una misma empresa.

¿Porque se da esa situación? La primer razón pienso que es la más lógica: vivimos en un país en donde la distribución del ingreso sigue siendo una asignatura pendiente mas allá del crecimiento económico de la última década (importante: crecimiento y distribución del ingreso no tienen porque ir de la mano) y los "Gregorios" que ganan bien o medianamente bien teniendo en cuenta lo que es el sueldo promedio en nuestro país (apenas por encima de los 3.000 pesos) pareciera que están alardeando al desglosar abiertamente sus ingresos . Algunos lo pueden incluso tomar como una ofensa dadas las condiciones sociales en las cuales vivimos.

Otra razón por la cuál los argentinos son renuentes a hablar de sus ingresos quizá tenga que ver con la presión impositiva, ya que probablemente las personas que se encuentran en la punta de la pirámide tengan parte de sus ingresos declarados y parte no, razón por la cuál realizan el "silenzio stampa". Y si no tomemos el caso de Susana Gimenez, quién para la AFIP es una monotributista que gana 3.000 pesos por mes.

Ahora bien, más allá de estas razones u otras de similar índole, pienso que el tema reviste otros matices que se pueden analizar.

Por ejemplo: pareciera haber una noción en el inconciente colectivo de que las personas que hicieron dinero en la Argentina deben necesariamente haber explotado o estafado a otra(s) personas . Altos ingresos, corrupción y negocios turbios parecerían ir de la mano.

Dicho esto, los "Gregorios" deberían mantenerse en el más profundo anonimato y no hablar nunca de sus ingresos para no ser tildados de corruptos, ladrones o hasta narcotraficantes.

Y con los elementos dados es que podemos arribar a la primera conclusión: a pesar de vivir en una economía capitalista, los argentinos detestamos al que le va bien. La envidia podría ser uno de los motores del odio, pero no necesariamente el único.

Pero esta contradicción no está dada exclusivamente por las personas en la base de la pirámide que deben "sobrevivir" haciendo malabares para mantener a una familia entera y llegar a fin de mes con salarios menores a las 300 dólares mensuales: nuestro país está lleno de nuevos ricos que no dirían lo que ganan ni aunque los obligasen a pasar una temporada en Guantánamo; pero sin embargo se pasean en coches importados y usan Rolex y demás bienes de lujo a más no poder, como queriendo gritar a los 4 vientos lo bien que les está yendo y lo "inteligentes" que son por haber ganado tanto dinero.

Pienso que todas estas asimetrías y contradicciones podrían evitarse si existiese un consenso en donde todos pudiésemos hablar tranquilamente de nuestros ingresos y a la vez saber cuanto gana el otro, de manera tal de romper con los tabúes y dejar los resentimientos de lado. Claro que para que esto suceda, el ejemplo debería venir desde la clase gobernante.

Ya lo dijo Confucio (479-551 A.C): En un país bien gobernado, debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado, debe inspirar vergüenza la riqueza. Pero pareciera que, por ahora, este escenario se encuentra bastante lejano, ya que requeriría un cambio de conciencia importante a nivel social que muchos parecen no estar dispuestos a realizar.

Hasta que esto no suceda, me temo que la pregunta que ilustra el titulo de esta nota seguirá siendo contestada con evasivas y miradas incómodas.

Y Gregorio correrá el riesgo de terminar en la hoguera por buscar ayuda con sus problemas de ahorro y administración de sus ingresos.

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