A raíz de las innumerables críticas recibidas, el gobierno de la ciudad desistió de tan erróneo proyecto, y su decisión debe ser bienvenida y destacada ya que no es común dentro de una buena parte de la dirigencia política, y menos aún en la que gobierna en el orden nacional, reconocer errores y rectificarlos a tiempo. Sin embargo, la idea de poner mayor presión impositiva en el contexto de crisis económica mundial, nacional y local no resulta adecuada ni recomendable. En un momento en que se está entrando en una recesión con caída del consumo, cualquier decisión que lo castigue tendrá efectos negativos.
Es cierto que el gobierno nacional ha hecho lo posible e imposible para trabar la gestión y el gobierno del ingeniero Mauricio Macri. No sólo alentando a las organizaciones sociales que le son adictas a cortar calles y crear caos vehicular, sino también trabando cualquier autorización destinada a obtener financiación para obras o compra de equipamiento para la ciudad de Buenos Aires. También es cierto que 2009 será un año electoral y sin duda una prueba de fuego para un gobierno que generó grandes expectativas en sus votantes. Por ello, las autoridades porteñas deberían sopesar si es conveniente aumentar los impuestos a los contribuyentes para satisfacer las promesas de campaña, o buscar ideas más imaginativas que, sin tocar demasiado sus bolsillos, posibiliten llevar adelante una gestión y un presupuesto que deberá ser replanteado a partir del nuevo escenario económico y financiero que se vislumbra en el mundo.
En este sentido, existe una propuesta del ex jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y varios legisladores de distintos espacios políticos, para gravar impositivamente los casinos y las tragamonedas de la ciudad, que debería ser cuidadosamente considerada por el gobierno y la Legislatura porteña. En efecto, la iniciativa legislativa consiste en crear un impuesto especial con tasa del 8 por ciento para cobrar a todos los juegos de azar, pero apunta directamente a los casinos flotantes y a las máquinas tragamonedas instaladas en el hipódromo de Palermo. Se podrían llegar a recaudar por ese concepto entre 800 y 1200 millones de pesos, monto que garantizaría un nivel de obras y equipamiento adecuado para las escuelas y los hospitales de la ciudad.
Las cuestiones vinculadas al juego en la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires han sido problemáticas para todos los gobiernos que estuvieron al frente de su administración, al que no escapa el de Mauricio Macri, que no ha reclamado la potestad que le otorga la Constitución de la ciudad sobre los juegos de azar en el distrito con el mismo énfasis puesto en otros rubros, como el traspaso de la policía, el control del transporte o de los terrenos de los ferrocarriles, donde se encuentran asentadas la villa 31 y la villa 31 bis.
Actualmente, el juego aporta al erario de la ciudad unos 170 millones de pesos, por un convenio firmado entre la Nación y la ciudad, y ya se estaría negociando un nuevo acuerdo para recibir una suma que duplicaría la anterior.
Editorial IIPresupuesto porteño e imaginación
Gravar impositivamente los juegos de azar en la Capital permitiría obtener recursos para obras
lanacion.com | Opinión | Mi?oles 3 de diciembre de 2008

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