Buenos Aires será en el próximo año electoral el espacio nacional donde se jugará la suerte política de los Kirchner. La amplia y poblada geografía bonaerense (ahí habita casi el 40 por ciento del electorado nacional) es, en los hechos, el territorio electoral de Néstor Kirchner. Ahí tumbó el liderazgo de Eduardo Duhalde sobre la estructura peronista y se encaramó él mismo sobre ella desde que ganó la presidencia en 2003.
Ahí ratificó su poder en las elecciones legislativas de 2005 y ahí, en Buenos Aires, su esposa cosechó el año pasado los votos necesarios como para superar el 40 por ciento de los votos nacionales. Ese porcentaje era clave para evitar una segunda vuelta.
Felipe Solá abandonó el kirchnerismo durante la larga crisis con el campo y rompió formalmente, hace poco, el bloque oficialista de la Cámara de Diputados. Los sectores rurales que votaron a Cristina Kirchner, por conveniencia más que por simpatía, podrían irse con él.
A su vez, Elisa Carrió no sólo pregona en sus discursos que dejó atrás la intransigencia. También actúa sus palabras. En las últimas semanas, amplió las fronteras de sus probables alianzas hasta llegar a Solá y al propio Cobos. Con los dos tenía ciertos resquemores, a tal punto que el ex gobernador bonaerense había dado por concluidas sus frecuentes conversaciones con Margarita Stolbizer, una radical crítica que milita ahora al lado de Carrió.
Stolbizer tiene un significativo caudal propio de votos en Buenos Aires y siempre consideró que los no kirchneristas debían explorar todas las posibilidades de acuerdos para tumbar al kirchnerismo en su propia cuna. Nunca dejó de relacionarse con Cobos y con Solá, a pesar de las objeciones que interponía la propia jefa de su fuerza nacional. Dicen que la influencia de ella fue decisiva para convencer a Carrió de que debía seducir también al vicepresidente y al ex gobernador.
Sobrellevando la imagen de una mujer tenaz y vehemente, hay que reconocerle a Carrió, sin embargo, la necesaria ductilidad para construir el poder. No le gustaba un Felipe Solá demasiado pegado a Duhalde. Carrió tiene con Duhalde un problema que rebasa la política. El ex presidente le inició dos querellas judiciales por calumnias e injurias.
Pero a Solá le basta con los enemigos que se crea él mismo como para comprar algunos enemigos ajenos. Carrió parece haber entendido que detrás de Solá no venía Duhalde, porque éste sigue siendo un límite férreo para un futuro entramado de sus acuerdos electorales.
Con Cobos, la jefa de la Coalición Cívica tenía otros reparos. Suponía que algunos jugaban con la figura del vicepresidente para planear una eventual vacancia del Poder Ejecutivo y la entronización de Cobos al frente de él.
Carrió apostó siempre a la arquitectura de una alternativa para reemplazar a los Kirchner, pero en 2011, no antes. Ese plan nunca estuvo, si es que existió, en la cabeza del vicepresidente. La comprobación de esa convicción institucional de Cobos es lo que la llevó ahora a aceptar la probable alianza con los seguidores del vicepresidente en Buenos Aires.
"Me oponía a Cobos cuando lo querían gobernando en nombre de una alianza que no me gustaba", explicó.
No fue menor, de todos modos, la influencia del radicalismo nacional. ¿Puede el radicalismo, necesitado como está de una reconstrucción partidaria, prescindir de Cobos, la figura política más popular del país según la unanimidad de las encuestas? Una parte importante del predicamento en ese sentido, el de la unidad de las expresiones no kirchneristas con Cobos incluido, corrió por cuenta del jefe del bloque de senadores radicales, Ernesto Sanz, un habitual interlocutor de Carrió. Sanz tiene autoridad moral para catequizar sobre el acercamiento a Cobos, porque él mismo lo ensayó en Mendoza, donde los dos fueron adversarios históricos.
El escenarioEmpieza a perfilarse una coalición opositora
Joaquín Morales Solá
lanacion.com | Política | Viernes 12 de diciembre de 2008

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