Fue sólo una ráfaga. La realidad más cruda del sindicalismo dominante, apoyado por el Gobierno y al mismo tiempo soporte fundamental del kirchnerismo, clausuró de inmediato, con un portazo violento, toda ilusión de que el viento de la transparencia empezara a renovar el viciado aire de los despachos del poder gremial.
Como para que no quedaran dudas, ayer en Rosario un grupo de gremialistas aliados al líder de la CGT, Hugo Moyano, confirmó que no serán un fallo judicial ni una ley los que pongan fin a una larga tradición de violencia y muerte para adueñarse y defender el poder gremial.
La impunidad, la protección política y la complicidad administrativa, alimentadas por gobiernos de las más diversas inclinaciones ideológicas, ya sean militares o civiles, peronistas de derecha, neoliberales o "progresistas", han dado vida y alimentado un cuerpo que ya parece indestructible.
La realidad muestra que para acceder a la conducción de un sindicato hay que sortear más exigencias que para llegar a la presidencia de la Nación si no se cuenta con la bendición de quien posee el poder de turno. Un poder que hasta es capaz de poner al frente de un gremio a quien no se haya desempeñado jamás o sólo algunos meses en la actividad que representará, e impedirle el acceso a golpes o chicanas administrativas y judiciales a un trabajador que acredita una larga trayectoria en el sector. Desde Lorenzo Miguel hasta Luis Barrionuevo sobran los ejemplos.
No es difícil entonces entender por qué pueden llegar a matar algunos sindicalistas en estos tiempos. No es por ideología. Tampoco por pasión política. Sólo es una cuestión de poder y el poder en este ámbito se vincula, casi siempre, con el dinero. Los gremios manejan cientos de millones de pesos. Demasiado dinero que permite tener una vida muy confortable, como de la que disfrutan, impúdicamente, muchos de los dirigentes más conspicuos, pero no sus representados, y, también, dinero para hacer política y seguir alimentando su poder.
No es casual que en la mayoría de las mortales disputas sindicales de los últimos tiempos hayan estado involucrados barrabravas de equipos de fútbol. Las peleas internas en este ámbito se desatan por causas demasiado parecidas a las sindicales y no es precisamente por el amor a una camiseta.
El análisisFruto de la impunidad y la protección oficial
Claudio A. Jacquelin
lanacion.com | Política | Jueves 4 de diciembre de 2008
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