martes, 9 de diciembre de 2008

Los frentes son más aptos para ganar; las alianzas, para gobernar.

ROSARIO.- La insostenible postergación argentina responde a factores causales, no casuales. Exclusivamente propios, por vicios acumulados durante años y hoy agudizados por la torpeza, soberbia y sinrazón de quienes mandan. La decadencia es, literalmente, histórica, si miramos desde el orgulloso Centenario el ominoso Bicentenario.

Concurren al drama, al menos, los motivos que siguen: predominio de falsas ideas en muchos actores de nuestro mundo político, la mentira y la promesa falsa, en labios de dirigentes de toda laya, que caen en oídos ingenuos dispuestos a escucharlas. Se suma la endeble formación intelectual de ciertos líderes, más habilitados para el chispazo de la comunicación moderna que para la reflexión sesuda. Esto, en un país donde hay talento, sabiduría e ideas maduras en muchísima gente, pero, de ordinario, fuera de los partidos. El pensamiento lúcido en la poltrona de la torre de marfil. No siempre, pero muy seguido.

Encima, la corrupción, alentada desde arriba y tolerada abajo por quienes la creen endémica y que, si pueden, hasta la aprovechan. No faltan líderes locales que hincan rodillas en señal de reverencia, inclinándose ante la promesa de la dádiva suprema.

Desperdiciamos la época de la bonanza internacional, impulsando políticas populistas. Cuando apareció el susto fiscal, el Gobierno se metió en la trampa, enfrentando al campo. No pudo, y después confiscó los ahorros previsionales, con ayuda parlamentaria de propios y de ciertos extraños de vuelo acomodadizo. Ahora, blanqueo impositivo jamás visto.

Pese a ello, ante la debacle (que es nativa, previa y diferente de la internacional), en el mundo de la política criolla no se discuten ideas. ¿Volvemos al Estado empresarial que tantos males nos causó? ¿Seguiremos manejando la economía desde los despachos oficiales, repartiendo beneficios y perjuicios? ¿Está bien que se nos descarte como ámbito propicio para la inversión? La inflación, que empobrece a los débiles y enriquece a los fuertes, ¿será contenida? Por el presente y el futuro energético, ¿alguien se preocupa? ¿Se puede vivir con índices falsos? ¿Es bueno que nos queden como amigos unos pocos fantoches del mundo? Para colmo, falta institucionalidad: nada es permanente; todo es transitorio; cambia según el antojo del poder.

El funcionamiento de la república democrática requiere que haya gobierno y oposición, como alternativa concreta de poder. Claro que debe denunciar: es su papel, pero no alcanza. Debe ser una verdadera opción, con capacidad para reemplazar lo presente llegado su agotamiento, que quiera y sepa gobernar con ideas y estilos diferentes.

Las sociedades se cansan de sus gobiernos, y éste no es un dato carente de relevancia. ¿Es posible configurar una verdadera oposición? Hasta hoy, más cáscaras que nueces: selecciones, admisiones y exclusiones, dimes y diretes, éste sí, aquél no, como si alguien tuviera el poder de inclusión o exclusión absolutos. Discusión sobre ideas no se vislumbra. ¿Por incapacidad, por especulación, por personalismos? Vaya a saber: la ensalada tiene pizcas de todos los ingredientes.

El momento es propicio para avanzar, porque nos esperan elecciones legislativas en 2009 y presidenciales en 2011. Hay tiempo, pero nadie se puede dormir sobre los laureles. Un buen camino sería coincidir primero en las ideas y, después, elegir quién se las colocará en el ojal. No al revés.

Técnica y políticamente, la oposición puede conformar alianzas o frentes. No es lo mismo. La alianza implica aproximar ideas comunes, compartidas y asumidas. El frente supone la necesidad impostergable de derrotar a un enemigo común, al que se lo ve como un mal o un peligro para la sociedad, lo que legitima la aproximación transitoria a lo que dio en llamarse un "programa mínimo". Los frentes son más aptos para ganar; las alianzas, para gobernar.

La política no es mero amontonamiento: exige tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el gobierno. El camino puede ser complejo, pero apasionante. Hay que acercar respuestas concretas a requerimientos precisos, propiciar ideas acordes con los tiempos que se viven, sin anquilosamientos mentales. Paralelamente, extender una estructura política de amplio alcance, eficiente, de la que luego saldrán los nombres, liderazgos, candidaturas, con mecanismos de selección convenidos. Con una condición: honestidad en el pensamiento, en el discurso, en las conductas. Como se hicieron las grandes cosas, también entre nosotros.
Alianzas, frentes y continuismo

Alberto A. Natale

lanacion.com | Opinión | Martes 9 de diciembre de 2008

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