Llevaba horas en una de aquellas salas del aeropuerto local. La crisis económica y financiera en la que se desbarranca España había dejado todavía a salvo, por lo que tronaba en el espacio, a tres jóvenes españoles que ponían al alcance de todo el mundo las vulgaridades que estaban dispuestos a decirse con personas del otro lado del planeta. Las llamaban a Europa a raíz de la invención, sin duda genial, de esos teléfonos celulares que han de haber ardido con el uso despiadado que se hacía de ellos. Ardían los oídos, más interesados en otros asuntos, de quienes compartían el mismo cubículo del aeropuerto. Y arderán, al final de todo, los bolsillos de quienes terminen pagando las cuentas de las compañías telefónicas.
Se puede encadenar el artículo al verbo y éste, al predicado, pero ¡cuánta banalidad, cuánta majadería, la de esos jóvenes ejecutivos que andan, con mucha resolución y poca reflexión, por este mundo globalizado y que, por eso mismo, es lo que es! ¿No eran, acaso, especímenes de la casta que, desde los grandes centros financieros y sus mesas de dinero, han hecho temblar al mundo con una cuota bastante mayor aún de tonterías y desenfrenos?
Resistí la tentación de compensar la ligereza de esos parlanchines. Había imaginado alguna ocurrencia que sirviera para determinar que estábamos en las antípodas sobre lo que suponen para cada uno las reglas de la convivencia aun más ocasional. En otras caras atribuladas creí percibir elucubraciones por el estilo, mientras en mis manos daba vueltas a una agenda de apuntes que llevaba en tren de revisión. Me había acompañado durante una semana de exposiciones individuales y debates realizados en México en homenaje de los 80 años de un escritor eminente: Carlos Fuentes.
La "globalización" telefónicaLa reflexión, un refugio ante el actual exceso de comunicación
La proliferación de charlas por celular en cualquier entorno exige una pausa necesaria
lanacion.com | Exterior | S?do 29 de noviembre de 2008

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