Las tasas por pagar en el blanqueo son sustancialmente menores que el impuesto a las ganancias y otros que hubieran correspondido en el momento de generar esos capitales informales. Se trata, por lo tanto, de un tratamiento que pone en una situación de inequidad a todos los contribuyentes que cumplieron puntualmente con sus obligaciones. Por comparación, se está castigando a quienes actuaron correctamente de acuerdo con la ley y con el imperativo moral de pagar los impuestos; a contrario sensu, se está premiando a quienes no lo hicieron.
La cuestión moral no es leve y se crea un precedente que en el futuro inhibirá al Gobierno de descalificar a los evasores, a la vez que alentará a los ciudadanos a evadir, ya que asumirán que tarde o temprano serán premiados y no querrán volver a ser los tontos de la película.
Más allá de este aspecto, se estima que la respuesta cuantitativa a este blanqueo será poco relevante. La falta de confianza y el temor a nuevos avances sobre el derecho de propiedad han sido la causa principal de la fuga de capitales hacia el exterior, declarados o no. La desconfianza tiene relación con toda la experiencia histórica acumulada. Por ejemplo: los aumentos inesperados en la estructura impositiva; el bloqueo de depósitos; los canjes compulsivos por títulos públicos devaluados; el falseamiento de los índices de ajuste por el Indec y, finalmente, el manotazo a los fondos jubilatorios administrados por las AFJP.
Como si esto fuera poco, ha ingresado en la Cámara de Diputados un proyecto presentado por legisladores oficialistas y algunos de la oposición, que apunta a gravar con el impuesto a las ganancias el resultado de la venta de acciones y los intereses de depósitos bancarios, además de elevar la alícuota para personas físicas al 39 por ciento para ganancias de más de 300.000 pesos anuales. La contradicción con la intención de las nuevas medidas no puede ser mayor.
La fuga de capitales ha sido intensa en los dos últimos años, como consecuencia de una política oficial que ha contribuido permanentemente a mellar la confianza. La ideología y la forma de ver el mundo del gobierno kirchnerista no parecen haber cambiado como para suponer que, en el futuro, el tratamiento a quienes inviertan en el país será distinto que hasta ahora. Muchos que podrían motivarse a incorporarse al blanqueo temerán también pasar a integrar listas difundidas públicamente con intenciones persecutorias. Por todo esto, se ha creado escepticismo sobre la magnitud de la respuesta a esta medida. Más aún en relación con su aporte a los recursos fiscales, que por las alícuotas fijadas será una proporción pequeña de los montos blanqueados.
Los restantes componentes del paquete de medidas anunciado por la Presidente mostrarían un mayor realismo que el que hasta ahora había demostrado el discurso oficial, empeñado en suponer la fortaleza de nuestra economía frente a la crisis externa.
Las medidas anunciadas incluyen, además una regularización laboral, una moratoria por deudas impositivas e incentivos para la creación de nuevos empleos. Aunque la moratoria podría merecer también algún reparo, aunque en menor grado, desde el punto de vista de la falta de equidad con quienes antes cumplieron, puede entenderse en momentos de crisis o emergencia. Tendría similitud con los instrumentos de ayuda estatal que actualmente están aplicando los países desarrollados para enfrentar la grave crisis financiera internacional.
La reducción en las contribuciones patronales por 24 meses para aquellos empleadores que generen nuevos empleos parece una medida conveniente en momentos en que el país se aproxima a un proceso recesivo. No habría que hacerse, sin embargo, mayores ilusiones: ninguna empresa crea puestos de trabajo a partir de incentivos impositivos, si no tiene plena seguridad de que sus productos o servicios serán más demandados.
Lamentablemente, si bien algunas de esas iniciativas oficiales podrían haber ayudado a mejorar el escenario económico argentino meses atrás, hoy resultan tardías y absolutamente insuficientes para alentar la inversión.
Editorial IMedidas tardías y contradictorias
Los anuncios económicos reflejan los vaivenes de un gobierno que hizo todo lo posible por espantar a los capitales
lanacion.com | Opinión | Viernes 28 de noviembre de 2008
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