lunes, 24 de noviembre de 2008

"El verdadero grado de civilización de una nación se mide en cómo se protege a los más necesitados".

Con fundamentos tan sólidos como valederos, el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, ha vetado la ley que proponía despenalizar el aborto en esa república. El Parlamento no ha podido reunir los votos necesarios para insistir en su pretendida reforma legal y la ejemplarizadora decisión del primer mandatario ha quedado firme en toda su extensión.

Más de una vez hemos afirmado desde esta columna editorial que el derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana. Y hemos dicho que allí donde ese derecho fundamental es desconocido se quiebra el fundamento moral de todos los demás derechos de la persona humana. Los fundamentos que el primer mandatario uruguayo ha utilizado para oponerse a la despenalización del aborto son en general coincidentes con esos mismos principios.

En la comunicación por la cual notifica al Parlamento su decisión de vetar la ley, Tabaré Vázquez, que es médico oncólogo, expresa lo siguiente: "La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de la vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia". Y agrega: "Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN, con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva: un nuevo ser".

Advierte, asimismo, el presidente Vázquez, en apoyo de su posición, que en los modernos sistemas jurídicos, incluido el que impera en Uruguay, el ADN se ha transformado en la "prueba reina" para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad y aun en hipótesis de devastación, cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano.

A juicio del presidente uruguayo, "el verdadero grado de civilización de una nación se mide en cómo se protege a los más necesitados". Y añade: "Por eso se debe proteger a los más débiles". El valor de la persona humana no se mide, por lo tanto, en función de los afectos que suscita en los demás o de la utilidad que presta, sino por el valor que resulta de su mera existencia.

Tabaré Vázquez considera que la despenalización del aborto violaría disposiciones expresas de la Constitución de su país y estaría en pugna, además, con el Pacto de San José de Costa Rica, que obliga a las naciones firmantes a proteger la vida del ser humano desde su concepción y, sobre todo, a otorgarle, desde ese momento, "status" de persona.

Los legisladores que propusieron la despenalización del aborto fundamentaron su posición, como es tradicional, en razones sociales y, sobre todo, en el alto número de abortos clandestinos que se realizan como consecuencia de la vigente prohibición legal. En respuesta a esos argumentos, el presidente señaló al fundar su veto que en los países en que se ha liberalizado el aborto, se ha registrado un significativo aumento del número de abortos que se realizan en todas las escalas sociales. Y puso como ejemplo lo ocurrido en los Estados Unidos y en España.

"Es menester atacar las verdaderas causas del aborto en nuestro país, que surgen de nuestra realidad socioeconómica", señaló Vázquez en la parte final de su comunicación oficial al Parlamento. Y agregó: "Para ello, hay que rodear a la mujer desamparada de la indispensable protección solidaria, en vez de facilitarle el aborto". Palabras que denotan una saludable comprensión de la realidad social escondida detrás del debate sobre el aborto.
Editorial IUn veto que defiende la vida

Tabaré Vázquez vetó la ley que proponía despenalizar el aborto en su país, para proteger el derecho a la existencia

lanacion.com | Opinión | Lunes 24 de noviembre de 2008

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