lunes, 26 de enero de 2009

En 2008, Estados Unidos perdió 2,6 millones de empleos, un récord desde la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Barack Obama enfrentará a partir de esta semana su primer gran desafío para sacar a flote la golpeada economía estadounidense, sumergida en una crisis sin precedente desde la Gran Depresión: convencer a los legisladores republicanos de que aprueben en menos de un mes su plan de estímulo económico de 825.000 millones de dólares.

"Me complace decirles que ambos partidos del Congreso ya están trabajando intensamente en este plan, que espero convertir en ley en menos de un mes", señaló anteayer Obama, que mañana se reunirá con los principales líderes de la oposición para discutir el proyecto. "Si actuamos como ciudadanos y no como miembros de partidos políticos, confío en que saldremos de esta difícil situación incluso más fuertes y más prósperos que antes", añadió Obama, quien después de dedicar su primera semana en el poder a temas de política exterior, trabajará intensamente en los próximos días para buscar una salida a la crisis económica.

Pese al llamado de Obama a dejar de lado las divisiones partidarias, varios legisladores republicanos, incluido su ex rival en las elecciones, el senador John McCain, adelantaron ayer que no apoyarán su gigantesco Plan de Recuperación y Reinversión Económica, con el que el presidente planea crear o salvar tres millones de empleos en los próximos dos años, a menos que éste sufra cambios significativos.

"No podemos endeudarnos y gastar para recuperar la prosperidad", opinó el líder republicano en la Cámara de Representantes, John Boehner, quien, al igual que el resto de la oposición, se opone al monto del plan y a la desmedida intervención del gobierno en la economía. "Debemos reescribir gran parte del plan. Tal como está, no lo puedo votar", dijo, por su parte, McCain.

Las declaraciones de ambos senadores llegaron un día después de que Obama advirtiera que la economía norteamericana "podría perder un billón de dólares de su capacidad plena" y que insistiera en que si el Congreso no actúa "con audacia y premura, una mala situación podría tornarse drásticamente peor´´.

En 2008, Estados Unidos perdió 2,6 millones de empleos, un récord desde la Segunda Guerra Mundial, y varios economistas sostienen que el desempleo podría superar el 10% antes del fin de la recesión.

Además, mientras el dólar sigue perdiendo valor, uno de cada 10 propietarios de vivienda corre el riesgo de sufrir el embargo hipotecario por falta de pago; el sector fabril atraviesa su peor momento en 26 años.

Ante este sombrío panorama, el principal asesor económico de Obama, Lawrence Summers, advirtió ayer en el programa Meet the Press , de la NBC, que no descarta que el nuevo gobierno necesite más dinero para estabilizar el sistema financiero estadounidense, más allá del plan de 700.000 millones de dólares aprobado por el Congreso el año pasado durante la administración de George W. Bush.

En igual sentido se manifestó ayer la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, quien declaró que el gobierno podría necesitar inyectar más fondos al atribulado sistema bancario para estabilizar a los bancos y lograr que reanuden el flujo de créditos.

En tanto, en respuesta a las críticas de los republicanos, que sostienen que el plan de estímulo de Obama contiene muy poca ayuda inmediata, Summers indicó que "el 75% del dinero será gastado en los primeros 18 meses".

"La idea es lograr un equilibrio entre nuevos gastos y las reducciones fiscales para la clase media", agregó Summers, quien insistió en que los recortes de impuestos aprobados por Bush para quienes ganan más de 250.000 dólares al año "deben ser revocados".

"Cuando se deposita dinero en manos de familias de clase media, la historia y la experiencia muestran que éstas gastan una parte importante, lo que estimula la economía. Por el contrario, cuando se deposita dinero en manos de personas con ingresos muy altos, éstas gastan sólo una pequeña parte", explicó.

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