Hay cada vez más evidencias de que la crisis financiera se está contagiando a la vida de los ciudadanos comunes, ya que los comercios tienen problemas para ingresar dinero y ven que se han secado las líneas de crédito. Y los principales indicadores tanto del empleo como de la producción industrial han empeorado notablemente, insinuando que incluso antes de la caída de Lehman, la economía, que se tambalea desde el año pasado, en realidad estaba a punto de despeñarse en un abismo.
¿Cuál es la gravedad de la situación? Personas normalmente sensatas suenan apocalípticas. Joel Prakken, de Macroeconomic Advisers, dijo que la economía está "al borde del abismo". Y la gente que debería estar alejándonos de ese abismo salió a almorzar.
Yo esperaba que la Cámara de Representantes aprobara el plan de rescate, simplemente porque estamos en medio de un pánico financiero, y otro voto negativo hubiese empeorado aún más la situación. Pero eso es tan sólo otra manera de decir que la economía es ahora una víctima de las metidas de pata del Departamento del Tesoro.
Porque el asunto es que el plan en oferta es durísimo e inexcusable. El sistema financiero ha estado bajo grave presión durante más de un año, y debería haber habido planes cuidadosamente pensados y listos para ser aplicados en el caso de que los mercados se derrumbaran. Obviamente, no había: el plan de rescate de la Casa Blanca fue evidentemente articulado de apuro y en situación de confusión.
El precedente sueco
Una solución para nuestros pesares económico tendrá que partir de un rescate del sistema financiero mucho mejor ideado que seguramente implicaría que el gobierno se hiciera cargo, parcial y transitoriamente, del sistema, tal como lo hizo el gobierno sueco a principios de 1990. También necesitamos desesperadamente un plan de estímulo económico que combata la caída del gasto y del empleo. Y esta vez será mejor que sea un plan serio gaste el dinero en lo que hace falta. Sin embargo, es difícil imaginar que Bush, en sus últimos meses de gobierno, implemente la creación de una nueva Works Progress Administration (agencia creada por el gobierno de Franklin D. Roosevelt, encargada de proporcionar empleo y subsidios a los desempleados durante la Gran Depresión).
De manera que probablemente tengamos que esperar a que asuma el próximo gobierno, que seguramente será mucho más proclive a hacer lo correcto aunque eso no es para nada algo seguro, dada la incertidumbre sobre el resultado de las próximas elecciones. Y aunque faltan tan sólo 32 días, pasarán casi cuatro meses antes de que la nueva administración asuma. Muchas cosas pueden ir mal -y probablemente lo hagan- en esos cuatro meses.
Algo es seguro: será mejor que el equipo económico del nuevo gobierno esté dispuesto a trabajar duro, porque desde el primer día se encontrarán lidiando con la peor crisis financiera y económica desde la Gran Depresión.
La crisis financiera global / Los efectos de la aprobación legislativaTodavía se camina al borde del abismo
Por Paul Krugman
lanacion.com | Exterior | S?do 4 de octubre de 2008

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