
El avance lento va dejando a un lado planchas gigantes que flotan, crujen y transmiten calma. El cielo es blanco, el agua también, aunque las grietas en el hielo permiten salir de la ensoñación para simplemente asombrarse. ¿Qué puede causar asombro con el paso del tiempo? ¿Un paisaje?
Horas después de la partida desde Ushuaia, el Pasaje de Drake deja en claro que es allí donde chocan las corrientes del Pacífico y el Atlántico. El amigo dramamine alcanza para mantener las formas, pero el movimiento supera lo esperado y el consejo de resistir en posición horizontal es cumplido a fuerza de la naturaleza.
Así pasan las primeras 36 horas, con olas de ocho metros y gran parte de los pasajeros en sus camarotes, tratando de dormir sobre una cómoda cama devenida caballo de calesita. Por los altavoces anuncian que la primera función de cine nocturno, On the Icy Edge of the World, documental por supuesto, se ha suspendido "porque el barco se está moviendo", una explicación curiosa para uno que lo sabe hace rato. Pero el mensaje consuela: nada muy interesante está pasando fuera de la habitación-cabina.
Durante el desayuno y con el mar en calma empiezan a conocerse los pasajeros, compartiendo mesas, hablando distintos idiomas. La mayoría proviene de Estados Unidos, Alemania y Francia, y el 80 por ciento tiene entre 60 y 75 años; hay unos pocos más jóvenes y algunos octogenarios. Salvo un guía argentino del grupo norteamericano, tres chilenos de la cocina y el depósito, y el equipo de LA NACION, no hay hispanohablantes a bordo.
Cerca del mediodía anuncian el esperadísimo primer descenso, en la isla Aitcho, que forma parte de las Shetland del Sur. Hasta sus costas llegan pingüinos de barbijo (chinstrap) y de vincha (gentoo) en época de desove y los primeros turistas de la temporada primavera-verano.
En botes PolarCirkel para ocho personas se realizan los desembarcos, con una hora por grupo para recorrer el lugar, bien delimitado por el equipo de expedición que bajó unos minutos antes. Su función es reconocer el terreno y evitar el acercamiento excesivo de los viajeros con los animales. "A más de cinco metros, los pinguinos se estresan", aseguran.
En muchos de los cruceros por la zona, la dinámica es similar. Durante la navegación, los pasajeros leen, conversan, sacan fotos, participan de conferencias y disfrutan, tres veces por día, de las delicias del restaurante: hay salmón hasta en el desayuno, además de quesos, mariscos y ahumados de todo tipo. Pero la emoción más fuerte, desconocida, llega en el momento de bajar, algo que puede ocurrir hasta dos veces por día, pero que depende exclusivamente del clima.
El recorrido suele modificarse durante todo el trayecto. Por ejemplo, en los siete días de este viaje por la zona, casi nunca se pudo cumplir el programa anunciado la noche anterior. Por eso no se ofrecen programas cerrados, sino sólo itinerarios posibles.
Incluso en cuestión de minutos se puede levantar una tormenta, de manera que en cada desembarco, el staff de expedición baja carpas y algo de comida, por si no hay posibilidad de volver rápidamente al barco. "Nunca hay un viaje igual a otro, pero en este caso tenemos una cantidad de hielo en la zona que no habíamos visto durante esta época del año en la zona", cuenta el capitán Arnvid Hansen, desde hace cuatro años al mando del Nordnorge.
Unos 30.000 turistas visitan la región entre octubre y marzo, una cantidad muy superior a la población, siempre rotativa, de este continente cuya superficie es mayor a la de Europa. Cerca de 50 estaciones, generalmente científicas, se ubican en distintos lugares; una de las más famosas es la norteamericana Amundsen-Scott, exactamente en el Polo Sur (el punto más meridional de planeta), en forma opuesta a la base rusa del Polo Norte, como los símbolos más explícitos de la Guerra Fría. Pero las bases que se pueden visitar están cerca de las costas, principalmente de la península Antártica, que apunta hacia la Argentina y Chile.
El Nordnorge sigue de manera anecdótica la ruta de Ernest Shackleton, cuya expedición de 1914 se convirtió en una aventura heroica, tras salvar la vida de su tripulación, aislada durante meses. Su acto de valentía les dio una gran historia a estos cruceros, que van tras sus pasos con espíritu de aventura.
En crucero
Desde el puerto de Ushuaia una inolvidable travesía, entre hielos, a bordo del crucero noruego Nordnorge, que fue noticia por rescatar a los pasajeros del buque Explorer, accidentado mientras navegaba en aguas antárticas

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